JUEVES SANTO, C

MOMENTOS DE DOLOR Y DE AMOR

 

INTRODUCCIÓN
En los momentos finales de la vida de las personas, sus palabras y acciones adquieren un valor y un sentido de testamento. Y eso es lo que observamos en la Última Cena. Los gestos y palabras de Cristo en las circunstancias que se desarrollan en el cenáculo nos tienen que marcar para toda la vida; pues ahí se genera una amalgama de amor y dolor.

PROPOSICIÓN
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

DESARROLLO:
En la Última Cena hay tres momentos de dolor y tres momentos de amor.

 

  1. Tres momentos de dolor
    1. La discusión de los discípulos sobre quien sería el mayor. Esto sin duda partiría el corazón de Cristo al constatar que aún no había calado a fondo mensaje. Constante aspiración de la ambición humana de la cual es difícil librarse: buscar puestos de honor y ser tenido como alguien importante.
    2. La traición de Judas. «Uno de vosotros me va a entregar» (Jn 13,21). Momento de gran dolor para Cristo. El dolor de la traición. El Maestro va a ser vendido por treinta monedas de plata.
    3. El anuncio de las negaciones de Pedro: «Antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres» (Mc 14,72). Plena conciencia de Cristo en este momento cumbre de su vida.
  2. Tres momentos de amor.
    1. El lavatorio de los pies. Contundente respuesta de Jesús a la discusión de quién sería el mayor. Vosotros me llamáis Maestro y Señor y decís bien pues lo soy… lo mismo tenéis que hacer vosotros. Seréis dichosos si lo practicáis (cf. Jn 13,13-15).
    2. La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio. Cristo es el pan partido y entregado. Por amor se queda con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, y por ello los instituye sacerdotes de la Nueva Alianza: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).
    3. El mandamiento nuevo. «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 13,34). Revoluciona todo el Antiguo Testamento poniendo el límite no en el amor que nos tenemos, sino el al amor que da la vida por sus amigos. Un amor de amistad. Un amor perseverante y paciente que conoce la debilidad de Pedro y de todos los demás.

 

CONCLUSIÓN
Es tiempo de profundizar en este amor de Cristo y de decidirnos, con todas las fuerzas de nuestra inteligencia, de nuestra voluntad y de nuestro corazón, a amar a los demás como Él nos ha amado.

P. Agustín De La Vega, LC