Homilía XV domingo ordinario (C)

HAZ TÚ LO MISMO

 

INTRODUCCIÓN

El bosque está en llamas; y, mientras todos los animales huyen para salvar su pellejo, un colibrí recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego. 

– «¿Es qué acaso crees que con ese pico pequeño vas a apagar el incendio?», le pregunta el león. 

– «Yo sé que no puedo solo», responde el pajarito, «pero estoy haciendo mi parte».

Hoy Cristo, con la parábola tan conocida del buen samaritano, nos viene a recordar que, como el colibrí de esta breve historia, tenemos que hacer lo que nos corresponde en la ayuda al prójimo.

 

PROPOSICIÓN

Haz tú lo mismo

DESARROLLO:

Desgraciadamente somos muy hábiles para dar la vuelta o escabullir el compromiso cuando se trata de servir a los demás. Deseamos ser servidos, pero no servir.

  1. Los detalles con los que el samaritano se ocupa de aquel hombre apaleado expresan un amor en múltiples toques delicados:
    1. El aceite calma el dolor
    2. El vino evita que se infecte la herida
    3. La venda expresa una atención detenida
    4. El ceder la cabalgadura indica el abajamiento del samaritano como una renuncia a su comodidad
    5. El conducirlo a la posada y cuidar de él expresan la donación de lo que más nos cuesta dar: nuestro tiempo
    6. Finalmente, la asunción de los gastos de ese momento y los futuros nos brinda la verdadera imagen de lo que significa ser un hermano.
  2. Hay un gran paralelismo entre este samaritano y Cristo
    1. Se ha apiadado del hombre herido por el pecado
    2. Corre con todos los gastos de la redención
    3. Y así debe ser el amor que nosotros hemos de dispensar al prójimo: hasta dar la vida por sus amigos.
  3. La parábola nos enseña cómo hemos de amar a los demás.
    1. Preguntémonos qué tipo de persona soy.
      1. ¿Como el sacerdote o el levita? Que no quieren complicarse la vida, dan un rodeo para no ayudar
      2. O como el samaritano, que se dedica a atender a ese hombre malherido.
    2. Y a renglón seguido tomemos la decisión de servir siempre; pues como dice el Papa Francisco: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

 

CONCLUSIÓN
Tu prójimo es la persona que tienes a tu lado en ese momento, en este momento. Persona amada por Cristo, y por quien Él dio la vida.

Seamos, pues, como ese colibrí que, aun consciente de que solo no podría detener las llamas que consumían el bosque, no se detenía en su empeño de colaborar según sus posibilidades, y no como los demás animales, que corrían y volaban para salvar su pellejo.

Haz tu lo mismo: dedícate a los demás

P. AGUSTÍN DE LA VEGA, LC