Homilía SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (C)

 

INTRODUCCIÓN
Santa Juliana de Mont-Cornillon, en 1208, siendo aún novicia, estando en oración tiene una visión que no entendió: veía aparecer la luna brillante, pero con una mancha oscura que la atravesaba de lado a lado, como un anillo. Su priora no le hizo caso alguno cuando se lo contó y la envió a trabajar. En 1210 se repitió la experiencia, pero esta vez Dios le reveló el significado: la luna representaba a la Iglesia militante, la cual resplandecía por todo lo que Cristo había hecho por ella. Y si todas estas acciones de Cristo por su Iglesia (Encarnación, Pasión y Muerte, Resurrección, Ascensión, Pentecostés, etc) eran celebradas por la Iglesia, aún faltaba una celebración gozosa del don de su Real Presencia en la Eucaristía. Y esta falta era la mancha. Juliana solo comunicó su visión a la priora, que nuevamente le hizo poco caso, por lo cual Juliana decidió esperar que el mismo Dios le indicara qué hacer. Pronto tuvo la oportunidad de hablar con el obispo de Lieja quien con la ayuda de su Archidiácono Pantaleón, estableció esta fiesta para su diócesis. Años más tarde cuando tiene lugar el milagro eucarístico de Bolsena, fueron a avisar al Papa Urbano IV de lo sucedido quien desde Orvieto viajó a Bolsena. El Papa encomendó a Tomás de Aquino y Buenaventura la composición de la liturgia para establecer esta fiesta a nivel universal. Por cierto el Papa había sido años atrás archidiácono de la diócesis de Lieja. Su nombre era Pantaleón

 

PROPOSICIÓN

Dadles vosotros de comer

DESARROLLO:
La Palabra de Dios nos ayuda hoy a redescubrir dos verbos sencillos, dos verbos esenciales para la vida de cada día: decir dar.

  1. Decir.
    1. En la primera lectura, Melquisedec dice: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo […]; bendito sea el Dios altísimo» (Gn14,19-20).
    2. El decirde Melquisedec es bendecir. Él bendice a Abraham, en quien todas las familias de la tierra serán bendecidas (cf. Gn 12,3; Ga 3,8). Todo comienza desde la bendición: las palabras de bien engendran una historia de bien.
    3. Lo mismo sucede en el Evangelio: antes de multiplicar los panes, Jesús los bendice: «tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendiciónsobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos» (Lc 9,16). La bendición hace que cinco panes sean alimento para una multitud: hace brotar una cascada de bien.

 

  1. ¿Por qué bendecir hace bien?
    1. Porque es la transformación de la palabra en don. Cuando se bendice, no se hace algo para sí mismo, sino para los demás.
    2. Bendecir no es decir palabras bonitas, no es usar palabras de circunstancia: no; es decir bien, decir con amor.
    3. Esto es lo que hizo Jesús, mostrando el significado de la bendición con la distribución gratuita de los panes. Cuántas veces también nosotros hemos sido bendecidos, en la iglesia o en nuestras casas, cuántas veces hemos escuchado palabras que nos han hecho bien, o una señal de la cruz en la frente…
    4. Vamos a Misa con la certeza de ser bendecidos por el Señor, y salimos para bendecir nosotros a su vez, para ser canales de bien en el mundo.
  1. Dar. El “decir” va seguido del “dar».
    1. Como Jesús que, después de recitar la bendición, dioel pan para ser distribuido, revelando así el significado más hermoso: el pan no es solo un producto de consumo, sino también un modo de compartir.
    2. Sorprende que en la narración de la multiplicación de los panes nunca se habla de multiplicar. Por el contrario, los verbos utilizados son “partir, dar, distribuir”
    3. En resumen, no se destaca la multiplicación, sino el compartir. Es importante: Jesús no hace magia, no transforma los cinco panes en cinco mil y luego dice: “Ahora, distribuidlos”. No. Jesús reza, bendice esos cinco panes y comienza a partirlos, confiando en el Padre. Y esos cinco panes no se acaban. Esto no es magia, es confianza en Dios y en su providencia.

CONCLUSIÓN
Tenemos la consigna de Jesús de dar de comer a nuestros hermanos, es decir, de acercarlos a la Eucaristía, a este inmenso Milagro de Amor que atraviesa los siglos acompañando al ser humano a lo largo de la historia. Acerquemos al mayor número de personas a la adoración eucarística, ahí el Señor nos aguarda a todos.

P. AGUSTÍN DE LA VEGA, LC