Homilía Domingo de Ramos

VIVIR LA SEMANA SANTA CON LOS SENTIMIENTOS DE JESÚS

INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia, el ser humano ha estado sometido a la sutil dictadura del   sentimentalismo. Especialmente en nuestros días, pero también en la época de Jesús, tal dictadura dominaba a la sociedad. Solo así se entiende lo que sucedió en Jerusalén en esos días que nos relatan los Evangelios.

Hoy, Domingo de Ramos, contemplamos una multitud enfervorizada, gozosa, por el sentimiento de la entrada triunfal de Jesús. Los fariseos, de sentimientos más duros, piden a Jesús que les mande callar. Sin embargo, pocos días después unos y otros gritarán: “¡Fuera, fuera, crucifícale!”.

ROPOSICIÓN
Los sentimientos pasan, los principios y convicciones permanecen

DESARROLLO:
Después de tres años de intensa predicación (“Nadie ha hablado como este hombre”) y de innumerables curaciones y milagros, Jesús enfrenta su “hora”. Sentimientos y reacciones encontrados protagonizarán su pasión, de la que seremos testigos en estos días de Semana Santa. Pero desgraciadamente no todos la vivirán de la misma manera que Jesús siguiéndole en su pasión, muerte y resurrección.

La semana Santa presenta un dilema:

  1. Tiempo de descanso y de vacación
    1. La consideran así los que posiblemente vengan a esta celebración para que les bendigan los ramos, según la tradición, y vitorearán a Jesús en la liturgia.
    2. Pero su corazón, posiblemente lleno de indiferencia, se marchará a las playas, a las montañas y balnearios, para aprovechar estos días de descanso.
    3. Esto ¿no equivale a un mudo decir: “¡Fuera, fuera, crucifícale!”?
  2. Tiempo de oración, reflexión y celebración de los misterios esenciales de nuestra fe:
    1. Posiblemente no es la opción más apetitosa
    2. Pero, sin duda, la más fructífera.
    3. No tengamos miedo a acompañar a Jesús esta Semana Santa en las distintas celebraciones.
      1. Es el mejor tiempo para apuntalar nuestras convicciones.
      2. Tiempo privilegiado para descubrir lo que Jesucristo ha hecho por mi.
  • Oportunidad para formular lo que yo voy a hacer por Cristo.
  1. Seamos conscientes de que nuestra fe no es una fe de conceptos, sino una fe que se celebra.
  2. Quien no participa en las celebraciones de la fe, habría que decir que no tiene mucha fe, o que su fe está mortecina o, peor aún, muerta.

 

CONCLUSIÓN
Acompañemos a Cristo no solo hoy, en su entrada triunfal en Jerusalén, sino también el Jueves, Viernes y Sábado Santos.

Dejemos que Jesús consolide nuestras convicciones, para que no seamos veletas que se orientan según el viento de los sentimientos.

P. Agustín De La Vega, LC