Homilía domingo 30 de enero

IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (C)

INTRODUCCIÓN

Todos hemos visto alguna vez un taller de herrero y sus instrumentos: el martillo el yunque y la fragua. En el taller del herrero se descubre el secreto de su arte y de su trabajo. Calienta el hierro hasta ponerlo al rojo vivo y cuando está incandescente lo golpea en el yunque para darle la forma deseada.

Hoy los habitantes de Nazaret se dejaron tocar por las palabras de Jesús. Pero enseguida surgió el escepticismo y dejaron para después los propósitos que habían surgido en su corazón.

PROPOSICIÓN
Para una buena forja, el metal hay que golpéalo cuando aún está caliente.

DESARROLLO:
¡Cuántas vidas de santidad truncadas por dejar los propósitos para después! Así sucedió en Nazaret con los paisanos de Jesús.

 

  1. Antes de ser formados en el seno materno, Dios nos conocía a cada uno, como lo expresa el profeta Jeremías.
    1. Asignándonos un nombre y una misión
    2. Esa es la vocación a la santidad a la que todos estamos llamados. Y por eso Dios va suscitando en nuestra vida deseos y propósitos de superación.
    3. Y está dispuesto a darnos todos los elementos para triunfar:
      1. Te hago ciudad fortificada
      2. Columna de hierro y muralla de bronce
    4. Cuando Jesús entra en la sinagoga y hace la lectura del profeta Isaías
      1. Todos quedan admirados y le daban su aprobación.
      2. Quedan tocados en su corazón y no solo cautivados por su elocuencia
      3. Jesús enciende y pone al rojo vivo esos corazones; pero…
    5. Entran las dudas
      1. ¿No es este el hijo de José?
      2. Y pasan de una actitud de aceptación y respeto, a la ira y el rechazo
      3. Esto nos sucede a nosotros con mucha frecuencia
        1. Vamos a un retiro
        2. Escuchamos una charla o una homilía y queremos cambian y mejorar
      4. Pero no golpeamos el corazón y la voluntad cuando aún están calientes
        1. Lo dejamos para después
        2. Y le regalamos la victoria el enemigo.

CONCLUSIÓN
Nunca olvides esto: Para una buena forja, el metal hay que golpéalo cuando aún está caliente.

Actúa con resolución. No dejes para después los propósitos que el Espíritu Santo enciende en tu interior.

P. Agustín de La Vega, LC