Homilía IV domingo de Pascua

Domingo del Buen Pastor

Ciclo B

Textos: Hech 4, 8-12; 1 Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18

Idea principal:
Jesús es nuestro Pastor.

Síntesis del mensaje:
Resumo el mensaje de este domingo con las palabras del beato Monseñor Óscar Romero a unos meses de ser asesinado celebrando la santa misa: “Como pastor de esta comunidad, estoy obligado a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas de muerte, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador”.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, cuando Jesús se define como el buen Pastor está diciendo lo que Homero decía de Agamenón y Jenofonte de Ciro: “Yo soy el conductor de los hombres, el dirigente de las naciones, el salvador del mundo”. Y cuando Jesús añade que todos los demás pastores son unos “asalariados” está diciendo que muchos por ahí que se dicen pastores, guía de pueblos y naciones, dirigentes de comunidades, tanto políticos como religiosos, son unos arribistas, trepadores y galgueadores del dinero, de la vanidad y del poder. Ahora entendemos mejor algunas duras expresiones del papa Francisco cuando recuerda con harta frecuencia al clero para que no seamos mundanos, no busquemos honores, ni prestigios. Y cuando termina Jesús con que, los tales asalariados, en cuanto ven las orejas al lobo, dejan las ovejas y huyen, está dando una descarga durísima contra los jefes políticos y religiosos de su tierra, de su tiempo, de todas las tierras y tiempos de la historia. Basta ver el panorama mundial: ¡quién se enfrenta al lobo del relativismo y consumismo, a la hiena de la malversación de fondos y corrupción, al zorrillo de la ideología del género y manipulación genética! ¡Quién enfrenta a esos gobernantes sin escrúpulos que prometen el oro y el moro, y después nos salen con sus enjuagues y se quedan con la poltrona, el oro y el moro!

En segundo lugar, Cristo sí es el buen Pastor, el único Pastor auténtico, el único dirigente honesto y cabal, ejemplo para todos los que tienen una misión de pastorear en la Iglesia, en la sociedad y en las comunidades. A todos los dirigentes de ayer, de hoy y de mañana Cristo Pastor les está diciendo varias cosas: que vivan para su rebaño y no de su rebaño; que cuiden su rebaño y no su sola parcela familiar y sus fans de amigos; que defiendan su rebaño de todo tipo de lobos ideológicos; que esté dispuesto a dar la vida por su rebaño, si fuera necesario, dando a todos trabajo, salud, educación, y evitando en sus vidas la opulencia y el despilfarro, las ganancias desorbitadas, los sueldos escandalosos de funcionarios y parlamentarios centrales o autonómicos, los chalets de lujo, las vidas de sultanes…Cristo, único Pastor les grita que tienen que servir y no querer siempre ser servidos.

Finalmente, Cristo Pastor también tiene palabras serias para quienes tenemos una misión en la Iglesia como sacerdotes. Que no seamos funcionarios, ventanilla y “vuelva usted mañana”. Que no seamos burócratas de las cuentas y el papeleo, administrador mecánico de la palabra de Dios y sacramentos rutinarios o postineros, arribista y ansioso de medros y prebendas, que hizo la carrera eclesiástica y a veces hasta el carrerón. Que conozcamos, amemos, alimentemos, defendamos y demos la vida por nuestras ovejas, que no son nuestras, que son de Cristo. Que seamos auténticos sacerdotes pastores, y no sacerdotes secularizados que entienden más de cine y deportes que de Dios, que encabezan reuniones y huelgas, pero no se arrodillan ni estudian ni enseñan a rezar a sus ovejas. Que seamos pastores cuya autoridad nos viene de Cristo para hacer crecer a las ovejas y llevarlas a Él, y no que fustigamos las ovejas con el látigo del autoritarismo. Nuestra autoridad es de servicio y no de mando.

Para reflexionar:
Reflexionemos en este poema-soneto de Lope de Vega:

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

Para rezar:
Señor Jesús, Pastor, reviste mi corazón de las virtudes que adornaron tu vida de pastor: mansedumbre, bondad, ternura, desprendimiento, sacrificio, fortaleza, firmeza para poder llevar tu rebaño hasta el cielo.

P. Antonio Rivero, LC