Homilía domingo XVI tiempo ordinario (C)

Marta y María reciben en su casa a Jesús, el Señor

 

INTRODUCCIÓN
Desde pequeños siempre nos ha gustado escoger la mejor parte. En las fiestas, por ejemplo, llegada lo hora del pastel… buscábamos que nos dieran un buen trozo. Y esto es propio de la naturaleza humana, buscar la mejor parte: tomar los mejores asientos para un espectáculo, o el mejor lugar para descansar… escoger los mejores alimentos; incluso en los deportes escogemos al que creemos ser mejor tenista, o al mejor equipo… etc.

La pregunta es: si siempre buscamos la mejor parte en las cosas del mundo, ¿por qué no lo hacemos en la vida espiritual?

 

PROPOSICIÓN
Escuchar a Cristo es la mejor parte

 

DESARROLLO:
Este hecho real de la vida de Cristo nos enseña varias cosas

 

  1. Que cuando viene Jesús a nuestra casa no debemos dejarlo solo.
    1. Marta preparando todo para atenderle, en cierta forma lo desatiende ocupada en las múltiples tareas del servicio.
    2. Cuanta gente hoy en día dice tener a Jesús consigo pero no se detienen a escucharle.
    3. Es como tener al mejor jugador de equipo sentado en el banquillo de los reservas. Por no escucharlo.

 

  1. Que no debemos buscar que otros se sumen a la herejía del activismo:
    1. “Dile a mi hermana que me ayude”
    2. Lo importante no es tanto las cosas que hacemos por Dios, sino la dedicación que le ponemos al Dios de las cosas

 

  1. Que solo una cosa es importante:
    1. Servir a Dios, atender a Dios, (y en parte Marta lo está haciendo)
    2. Pero hay una mejor parte: Estar a os pies de Jesús y escucharle
    3. Es decir dedicarle tiempo de calidad a Nuestro Señor, y no las sobras que quedas tras el activismo
    4. ¿Somos seguidores de Cristo porque sabemos estar con Él? ¿Damos nuestro tiempo a los demás?
      1. Abraham lo hizo, y atendió a esos tres hombres, dándoles no solo agua y pan, sino un ternero

 

CONCLUSIÓN
Quien le dedica tiempo de calidad a Dios escuchándolo en la oración, le sobrará tiempo para servir a los demás y atender a las cosas del mundo.

Quien vive avocado a las cosas del mundo, nunca encontrará tiempo para las cosas de Dios, por más buenas intenciones que tenga.

Escuchar a Cristo es la mejor parte. Escógela.

P. AGUSTÍN DE LA VEGA, LC