Homilía Ascensión del Señor

COMUNICAR EL EVANGELIO

 

INTRODUCCIÓN

              Todos de pequeños hemos jugado al teléfono descompuesto. Uno comunica al oído un mensaje al que está junto él, y éste se lo trasmite al siguiente, y así sucesivamente hasta que el último dice en voz alta el mensaje que ha recibido. Y por lo general no tiene nada que ver con el anuncio inicial, porque alguno o algunos han añadido, quitado o distorsionado lo que han escuchado.

              Sin embargo, el mensaje que Jesús mandó transmitir a los apóstoles se ha mantenido intacto desde los orígenes porque, a diferencia del teléfono descompuesto, aquí se cuenta con la asistencia de Dios mismo, del Espíritu Santo.

              Hoy día de la Ascensión del Señor, la Iglesia celebra además la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

 

PROPOSICIÓN
Anuncia con fidelidad lo que has recibido.

 

DESARROLLO:
Esta misión de ir al mundo entero y predicar el Evangelio requiere por nuestra parte tres actitudes básicas.

  1. Conocer a Cristo: Si no profundizamos en quién es; si no desarrollamos una profunda amistad e intimidad con Él, no podremos anunciarlo.

Por eso la Carta a los Efesios nos dice lo que necesitamos:

  1. Espíritu de Sabiduría y de revelación para conocerlo
  2. Luz para comprende cuál es la esperanza a la que estamos llamados
  3. Y descubrir la extraordinaria grandeza de su poder.

 

  1. Apertura de alma para recibir la fuerza de lo alto: el Espíritu Santo
    1. Él es el garante de la fidelidad en la comunicación.
    2. Él es quien nos lo recordará todo, si somos dóciles a sus inspiraciones.
  1. Mirar a lo alto
    1. Ver las cosas con espíritu de fe, con espíritu sobrenatural.
    2. En definitiva, buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.
    3. Cristo asciende a los cielos para enviarnos al Espíritu Santo, y esto nos tiene que llenar de alegría.

 

CONCLUSIÓN

Si nos esforzamos por conocer a Cristo, nos abrimos al Espíritu Santo, y buscamos ser fieles al mensaje recibido, llegaremos a ser unos auténticos difusores del mensaje de Cristo sin engaños ni distorsiones propias de un “teléfono descompuesto”.

P. Agustín de La Vega, LC