Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

VIº domingo del Tiempo ordinario (ciclo C)

“El camino de la felicidad”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Jer 17,5-8; 1cor 15, 12-20; Lc 6, 17-26

Este domingo y los dos siguientes, Lucas nos presenta el mensaje profético de Jesús que consiste en seguir el camino que lleva a la felicidad, imitar al Padre misericordioso y tener un buen corazón para ayudar a los demás. Desde el Antiguo Testamento es clásico el planteamiento de los dos caminos: el de la felicidad y el de la perdición. La diferencia, dice Jeremías, está en la confianza que se haya puesto en Dios (1ª lectura). Este es un programa de vida muy concreto para el cristiano, confiar es creer en Cristo resucitado (2ª lectura). Es sugestivo pensar en el comienzo del libro de los salmos: “El justo es como un árbol plantado al borde de la acequia” (Salmo). Está injertado en el tronco de la cruz de Cristo y sus raíces están al borde de las aguas del Bautismo. Según las bienaventuranzas el pobre de espíritu pone toda su confianza en Dios, que es riqueza y fortaleza de los débiles. "Bendito quien confía en el Señor" gritará Jeremías, porque no sentirá ni la sequía ni la esterilidad. San Pablo por su parte, proclamará que nuestro mayor tesoro es Cristo resucitado, vencedor de la muerte y principio de todo. En el discurso del monte, los “dos caminos” indican el de la felicidad y el de la desgracia. El anuncio de las bendiciones lleva en sí mismo la advertencia de maldiciones como alternativa. La vida cristiana no puede reducirse sólo a escuchar un mensaje profético sino que lleva el compromiso de vivir de acuerdo con él (Evangelio).

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “Los dos caminos”

El texto de las bienaventuranzas, en la versión de Lucas, se presenta acompañado inmediatamente por el de las malaventuranzas. El mismo Jesús que dice: "¡Dichosos, los pobres!", es el que añade a continuación: "¡Ay de vosotros, los ricos!". No puede olvidarse ni de unos ni de otros, porque no hay unos sin los otros y porque quiere la salvación de todos. El evangelio de Jesús es buena noticia para los pobres, porque los pobres son los evangelizados pero es mala noticia para los ricos que no se dejan evangelizar, que persisten en su dureza de corazón en un mundo lleno de pobres y desigualdades injustas. Cristo vino a revolucionar estos criterios cambiando la jerarquía de valores: Los pobres, los hambrientos, los rechazados por la sociedad están en la posición correcta y el Señor los llama bienaventurados. Si están con Cristo son felices. Hay que tomar en serio estas palabras porque son el “corazón” de su mensaje. Sólo quien vive las bienaventuranzas está capacitado para entenderlas. En cambio parece que la gente de nuestro tiempo aspira sólo a dos cosas “eficiencia y ganancia”. Una cosa vale en proporción a aquello que rinde; ¿Qué ventajas me proporciona? Dios se complace en habitar en los rectos y sencillos de corazón, pues Dios no necesita de nuestra grandeza para manifestar su poder, sino de nuestra debilidad. ¡Cuántos esfuerzos realizamos por ser buenos, cuántos por corresponder con fidelidad, pero lejos de Dios, sin mirarlo a El que es nuestro baluarte!

2) “Jesús es la fuente de la felicidad”

Jesús recoge la vieja temática del hombre bíblico y prácticamente inaugura su predicación con un discurso cuyo eje central es la felicidad humana. Desde entonces él mismo se presenta como fuente de felicidad para quien escuche su palabra, para quien crea en Él, lo siga y espere su día. Sin embargo, el mensaje de Jesús rompe decididamente con los esquemas de felicidad del mundo: la felicidad no se cifra en el poder, ni en la riqueza o el dinero, sino en una conducta cuya esencia es el servicio a la comunidad. Su código de felicidad es tremendamente paradójico y él mismo en persona será el exponente de esa paradójica felicidad: en la muerte de cruz encontrará su vida plena de resucitado. Desde entonces, Jesucristo determina un punto de vista nuevo y original que no solamente consigue que el hombre pueda tener momentos de felicidad, sino que pueda dar sentido a su vida. Y sin dar sentido a la vida, no puede hablarse de felicidad. Si hoy quisiéramos traducir con una palabra moderna el concepto de bienaventuranza, quizá podríamos aludir a la realización plena del hombre. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, y acabar esa semejanza según el modelo Cristo, imagen perfecta del Padre, significaría conseguir la felicidad humana. La felicidad radica en un constante crecimiento, en el desarrollo de la libertad, de la justicia, del amor, pero en un proceso de lucha, de muerte al egoísmo, de perpetuo cambio interior, de revisión constante de uno mismo. El verdadero gozo es una emoción valiosa y el conseguirlo representa un problema, pero a la vez sabemos que está al alcance de todos. El gozo es un profundo sentimiento interno que puede llenar nuestro ser incluso en la oscuridad de los sufrimientos personales. Es capaz de embellecer nuestra vida cuando nos damos cuenta de que Dios nos ha puesto aquí con un propósito concreto para cada uno y que debemos encontrarlo y llevarlo a cabo en el hogar, la escuela, la fábrica, la granja o la oficina. Y la consigna sigue siendo esta: “alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: ¡alegraos! (Fil. 4,4)

3) “Felices para siempre”

La felicidad es pues, el centro del mensaje de Jesús. Todos los hombres llevamos en lo más profundo de nuestro ser un hambre insaciable de plenitud. Buscamos la salud, la satisfacción, la inteligencia, el amor, la amistad, la alegría, la perfección. Allí donde encontramos a un hombre, podemos estar seguros de que nos hallamos ante alguien que busca exactamente lo mismo que nosotros. A los cristianos se nos puede olvidar que el Evangelio es una llamada a la felicidad y que ser cristiano es sentirse llamado a ser feliz y a descubrir desde Jesús el camino verdadero de la felicidad. El sermón de la montaña está formulado en hirientes contrastes: Felices los pobres, los hambrientos, los que lloran. Es decir, detrás de las bienaventuranzas se esconde una misteriosa revolución moral que consiste en el pasar del tener al ser, del ser al dar, del tener para sí al ser para los demás. Descubriendo la dinámica de este pasaje el hombre descubre el secreto de Dios que llega a ser también el secreto del hombre: ser para los demás, entregarse al prójimo. Los que han tomado en serio este mensaje que son los santos, alcanzaron la felicidad. La verdadera felicidad se alcanza por caminos completamente diferentes a los que nos ofrece nuestra sociedad actual; según Jesús es mejor dar que recibir; es mejor servir que dominar, compartir que acaparar, perdonar que vengarse, crear vida que explotar. El verdadero gozo viene cuando entendemos nuestro papel en la vida. Si queremos ser felices tenemos que descubrir la misión que Dios nos ha confiado. No es tarea fácil. Dios quiere que seamos felices. La fe sin alegría puede llevar al dogmatismo y a la autosuficiencia según Conrad Hyers. El gozo que podemos experimentar ahora es limitado. El verdadero gozo lo encontraremos en Dios. (1 Cor 2,9).

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Nuestra vida es el tiempo que el Padre nos concede para ir hasta Él. A todos nos cuesta entregarnos a Dios, ser dóciles a su voluntad, cumplir con nuestros deberes; pero si la vida no la empleamos sólo para Dios a pesar de las dificultades, es pérdida y fracaso. Es hora de levantar la cabeza y lanzarnos con alegría a la posesión y la conquista de Cristo. Ese secreto anhelo de realizarnos, que todos llevamos dentro, nos impone una toma de decisiones prácticas insoslayables: Vivir en gracia, salir del pecado, practicar la virtud, imitar a Jesús y servir a nuestros hermanos.

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (VIº domingo del tiempo ordinario / 17 de febrero de 2019)

 

TEMA:

Las bienaventuranzas de Lucas 6,17.20-26


Exordio:
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Proposición:

El amor y la misericordia de Dios son para todos los hombres y mujeres.

Desarrollo:

El contenido de las bienaventuranzas es un tema tan sumamente bonito y sublime que siempre lo he asociado a la persona de Jesús. Parece que Jesús me está diciendo: ¿Sabes cómo soy yo? ¿Queréis ser como yo soy? Aquí te ofrezco mi programa de felicidad, para que, como lo vivo yo, también lo vivas tú.

Bienaventurado quiere decir “feliz”. La felicidad es la vocación a la que todos aspiramos por caminos, ¡ay!, casi siempre errados, por los que nunca llegamos a poseerla. Todo el mundo quiere ser feliz aunque nadie lo consiga. Y así siglos y siglos, sin querer ser como Jesús, el modelo. El verdadero y eternamente feliz.

Jesús sabe que este camino no es difícil de practicar (son pobres, lloran y sufren), pero es difícil de entender. Por eso a sus apóstoles se lo explica todo en privado. “Mirad las flores del campo, los pajarillos del cielo, etc. Vosotros tenéis más derecho a ser felices que ellos. Jesús tiene tres grupos de seguidores: La masa, que vienen de todas partes: multitudes que busca soluciones a los problemas inmediatos de la vida, sobre todo la salud y la alimentación, pero no le buscan a él. Los discípulos, que le admiran pero no aprenden. Y los Doce, que le siguen incondicionalmente, aunque sin entender a fondo. Al fin y al cabo ese es el objetivo: ¡seguidme!

La enseñanza de Jesucristo es ciertamente extraña: es mejor ser pobre que rico, pasar hambre que vivir ahítos, llorar que reír, ser insultado que alabado. ¿Quién puede adherirse una doctrina semejante?

El secreto de Jesucristo es la carta que siempre tiene escondida en la chistera: “El Reino de los Cielos”. “Vuestra recompensa será grande en el Reino de los cielos”. Los íntimos de Jesús se lo creen y le siguen... hasta el punto de estar convencido de que “si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo” (2 Cor 1,7). Y San Pedro añade: “bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios… si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios... (¿¡¡¡…!!!?) ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas” (1 Pe.2,19.21).

Es difícil saltar de gozo y de alegría, aunque “nuestra recompensa llegue a ser grande en el Reino de los cielos”. La fe nos mete en ese feliz mundo de Dios.

Y luego está la otra cara de la medalla: ¡Ay de los que ahora reís, porque lloraréis! ¡Ay de vosotros, ricos, porque ya tuvisteis vuestro consuelo! Hay que pensar en todo, y a tiempo, porque el tiempo también lo maneja Dios.

Peroración:

¿Quiénes son, cerca de nosotros, los pobres, los que pasan hambre, los que lloran? ¿Qué hacemos en nuestra comunidad para que se sientan los amados y preferidos de Dios? ¿O preferimos mirar sólo por nuestro bien y confiar en nosotros mismos? ¿Qué podríamos hacer?

 

P. Ángel Llorente, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.