Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

Domingo XVI tiempo ordinario (ciclo A)

“El trigo y la cizaña crecerán juntos”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Sabiduría 12,1-19; 2ª: Romanos 8,26-27; 3ª: Mateo 13,24-43

Nuestro mundo es una extraña mezcla de bondad y de maldad. Dios siembra trigo en el campo, pero el diablo desparrama cizaña. En los planes de Dios también esta tragedia tiene sentido. De los males sabe sacar bienes. ¿El bien se mantendría fuerte y tenaz si no tuviera que luchar por sobrevivir y defenderse del mal? La impaciencia de los discípulos es la nuestra: quisiéramos arremeter contra todo lo que obstaculiza el establecimiento del Reino de Cristo; Jesús, en cambio, aconseja esperar (evangelio). Hemos de aprender a ser comprensivos y humanos, si queremos ser justos (primera lectura). Cuando percibimos un signo de maldad en algunos de los que nos rodean o cuando la conciencia nos acusa de que a veces anida en nuestro corazón la cizaña, no debemos perder la calma ni la esperanza, llegará el día de la cosecha; siempre queda la posibilidad del perdón y de la reconciliación.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) La impaciencia es mala consejera.

La predicación de Jesús a través de parábolas termina por intrigar a sus discípulos. Por eso le piden que les explique la de la cizaña. La parábola es un género literario que se expresa en un lenguaje misterioso; la oyen todos pero la entienden sólo los iniciados. Jesús les revela que “el campo es el mundo; el trigo, los hijos del Reino; la cizaña los hijos del maligno”. Se trata de una verdadera tragedia; en el campo, que es el mundo y es nuestro corazón, se libra la lucha eterna de la humanidad entre el bien y el mal. Es claro el mensaje de Cristo: El bien siempre deberá prevalecer. “Vince in bono malum”, vencer el mal con el bien. La parábola ofrece un claro contraste entre la posición del dueño paciente, prudente y sabio, y la actitud de los siervos impacientes e imprudentes. Se trata de un anuncio lleno de esperanza que revela el verdadero rostro de Dios, que es “clemente y rico en misericordia” hasta el final de los tiempos.

Nuestra vida moderna se desarrolla con un ritmo frenético, que busca resultados inmediatos, vistosos, que hay que conseguir a toda costa y con el menor esfuerzo, y así no nos salen las cuentas. ¡Qué fácil es caer en un estado de pesimismo y desesperación! Tenemos prisa y etiquetamos precipitadamente a los demás como buenos malos. Nos asusta pensar que el mal se difunde con rapidez y en cambio el bien no avanza. No nos resignamos a esperar tiempos largos para ver si Dios nos soluciona nuestros problemas inmediatos y nos cuestionamos: ¿por qué Dios permanece inactivo en algún rincón de la historia? Nosotros no conocemos el rostro de Dios y corremos el riesgo de reducirlo o desfigurarlo.

Por eso Jesucristo asegura en este Evangelio que el que “os recibe a vosotros, a mí me recibe” porque en realidad el apóstol que es “sal de la tierra y luz del mundo”, es el reflejo fiel de Cristo. Tiene que darse una tensión dinámica para referirse a Cristo como modelo de vida para imitar, como centro de referencia de todos los valores, y como criterio de comportamiento en la vida del cristiano. Muchas veces sucede que nos sentimos cristianos sólo por la apariencia exterior, la inscripción en los registros parroquiales o la forma de vestir. Pero decirse cristiano y no serlo llega a ser contraproducente y estéril, signo de contestación y escándalo de todos. Cuando esto ocurre, se trata de un fracaso en la misión y se justifica el rechazo de los hombres, porque nos hemos hecho “indignos de Él”.

2) El verdadero rostro de Dios.

Los hombres tenemos la pésima costumbre de encasillar a Dios en nuestros esquemas mentales que son estrechos y la mayor parte de las veces, deformados. Es fácil que la imagen que tengamos sea un subproducto creado por el estado de ánimo que estamos viviendo. La liturgia de hoy nos ayuda a recomponer el rostro misericordioso de Dios.

Jesús es la imagen del Padre: “el que me ve, ve a mi Padre; el que me escucha, escucha a mi Padre”. (Jn. 14,9) En Cristo se revela la imagen del rostro misericordioso del “Deus absconditus”. Lo inaccesible de la divinidad adquiere un rostro, una palabra, un comportamiento en Cristo. Atenágoras de Atenas nos recuerda que el Espíritu Santo “es la simpatía de Dios”. Este aspecto nos llena de esperanza al ver que Dios tiene un corazón misericordioso porque nos da la posibilidad de arrepentirnos.

El mensaje de fondo es este: “La justicia y el poder de Dios no excluyen la clemencia” como dice el salmo responsorial: “Es un Dios de piedad, lento a la ira y lleno de amor”. Su paciencia es a la vez moderación, clemencia y misericordia.

3) La pequeñez de la semilla

Junto a esta parábola del Reino de los cielos., Jesús añade otras dos: la del grano de mostaza y la de la levadura. Son dos símbolos muy sugestivos sobre las características de este Reino: orígenes insignificantes y pobres, pero capaces de revolucionar el mundo. Es un mensaje de optimismo y de confianza. Tertuliano les advertía a sus perseguidores: “Cada vez que matáis a un cristiano nos hacemos más numerosos porque la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Y es verdad, los períodos de la historia en los que la Iglesia ha sufrido más, han sido también los más fecundos. En cambio los tiempos fáciles y de triunfalismo en los que la fe no encuentra obstáculos y se siente halagada por las vanidades del mundo han producido mediocridad que se ha pagado caro. Disminuyen las vocaciones, se rompen las familias, van desapareciendo los valores, las iglesias se quedan vacías.

Hace falta ser coherentes. San Ignacio de Antioquia nos repetiría hoy como hace tantos siglos: “Es mejor ser cristiano sin decirlo, que decirlo sin serlo”. Y como siempre, son los pequeños los que hacen ver la mano de Dios. Se decía de los primeros cristianos “Entre nosotros hay sobre todo gente sencilla, ignorante, incapaces de demostrar con argumentos la verdad de nuestra doctrina; sin embargo procuramos mostrarla con nuestra propia vida”. Con el testimonio de nuestra vida nos convertimos en “Palabra de Dios para el mundo”

 

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Reflexiona sobre este texto de D. Bonhoeffer: “Ser cristiano hoy consiste en dos cosas fundamentalmente: Orar y ser justo entre los hombres. Toda la doctrina, la predicación y la organización del cristianismo deben nacer de la oración y de la acción. Está cercano el día en que los hombres pierdan el miedo de proclamar la Palabra de Dios con su testimonio y el mundo quedará transformado y renovado.

Será un nuevo lenguaje liberador y redentor, como el lenguaje de Jesús, lenguaje de justicia y de verdad que entusiasmará a todos los hombres, lenguaje que anuncia la cercanía del Reino. Mientras llega ese día, el cristianismo será una cosa silenciosa, humilde y sin ambiciones, pero habrá hombres que oran y practican la justicia y la caridad, esperando el tiempo de Dios”

P. José Luis Díaz L.C.

Posible homilía

Tema:

Encontrarte con Cristo te transforma
Exordio:
Hay situaciones en la vida que marcan un antes y un después. Personas que un día se encontraron con quien sería su esposo o su esposa y tal encuentro determinó el rumbo de toda su vida. O como en mi caso que un día escuche la llamada de Jesucristo al sacerdocio y desde entonces mi vida adquirió un colorido inesperado y magnífico.

Proposición:

Quien se encuentra verdaderamente con Jesucristo su vida se transforma

Desarrollo:

El evangelio nos habla de un encuentro con Cristo transformador. No se trata de un encuentro que entusiasma por un rato solamente; sino de un encuentro que hace cambiar 180º el rumbo de una vida. Son tres los momentos de este encuentro:

1. Zaqueo busca a Jesucristo

a. Había oído hablar de Él y movido por la curiosidad se acerca.

b. No pretendía nada más que ver a Jesús

c. Por ser bajito se sube a un árbol para verlo mejor y esa fue su “perdición”, se pudo al alcance de la mirada de Cristo

     

2. Jesucristo lo ve y actúa

    a. Seguramente habrá preguntado quién ese adulto que como un niño se ha subido al árbol.

    b. Llegado al sitio le llama por su nombre: Dios nos conoce por nuestro nombre, no somos un anónimo más en la masa informe de la humanidad

    c. Y conociendo su situación se auto invita a cenar en su casa.

3. Zaqueo se transforma

a. Seguramente la cercanía, la confianza, el amor misericordioso de Jesucristo fue el detonante de esa conversión.

b. Se había encontrado por primera vez con una persona que no le juzgaba interiormente, ni le recriminaba su conducta.

c. Eso le lleva a reflexionar y a querer ser como el maestro que tenía en su casa

d. El resultado es el que sabemos:

i. Da la mitad de los bienes a los pobres: empieza por la misericordia

ii. Y termina con la justicia restituyendo cuatro veces más a los que había defraudado.

Peroración:

•No tengamos miedo de salir al encuentro de Cristo que pasa por nuestra vida. No te va a pedir nada. Serás tú el que descubriendo quién es, le darás todo. Y además te llenarás de una felicidad indescriptible.

 

P. Agustín De la Vega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.