Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

IIIº domingo de Adviento (ciclo C)

“Canción de la alegria”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: So 3,14-18ª; Flp 4,4-7; Lc 3, 10-18

No todo es penitencia, dolor y muerte cuando se recorre este desierto. La liturgia de hoy hace una pausa para entonar un himno de alegría. ¿Cómo no regocijarse cuando ya está cerca el Hijo de Dios que viene a salvarnos? ¿Cómo no celebrar el día en que se hará realidad nuestro sueño, se perdonarán nuestras culpas, recibiremos nuestros premios? La verdadera alegría nace del corazón; no son las cosas exteriores sino la paz del alma y la buena relación fraterna las que nos harán felices (1ª y 2ª lecturas). El verdadero cristiano no tiene nada, lo da todo y goza más que nadie. Cuando todos preguntan a Juan “¿Qué debemos hacer?”, reciben una respuesta inesperada: Da lo que tienes al que no tiene nada. (Evangelio). En definitiva, el mensaje de la Palabra de Dios es que sólo es feliz el que ama sin condiciones.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “Hay que ser valiente para estar alegre”

Las lecturas de este domingo de Adviento establecen un sólido fundamento a la alegría cristiana. Es el gozoso anuncio de la Navidad que se aproxima: Jesús viene, Jesús está con nosotros. La alegría, la paz que repetidamente nos anuncian tienen un motivo: el Señor está cerca, el Señor está entre nosotros. Solamente los que viven “esperando a Godot” soportan una espera vacía porque está proyectada hacia la nada; pero esta no es la esperanza del cristiano. Sabemos que el Señor está cerca, que el Señor está aquí (Ez. 48,35) Con estas certezas vivimos una espera gozosa pero también productiva. Nuestro “día de fiesta” se ilumina con el convencimiento de que el Señor viene a renovarlo con su amor (1ª. lectura). ¿Dónde encontraremos fuerza para predicar la alegría a un mundo como el nuestro, amenazado por tantos problemas que parecen insolubles y herido por tantos dramas? ¡Se necesita valor! ¿No se tratará más bien de una postura ingenua o de una evasión de la realidad? Allí está nuestro secreto. La fuente de la alegría está tan arriba que no hay miseria humana capaz de enturbiarla. Isaías, Pablo, Juan, coinciden en que tenemos razón para estar contentos. “Es la alegría del cristiano que acoge al Señor; es la alegría del Señor porque es bien acogido por el cristiano”. Es urgente que los cristianos demos testimonio al mundo con nuestra alegría. Gritar delante de todos que nuestra fe nos hace felices. La alegría es contagiosa: desarma y arrastra. Debemos decir como aquel personaje de P. Claudel: “Dios mío, tú me has concedido que todos aquellos que me ven tengan deseo de cantar, como si yo les fuera midiendo el tiempo en voz baja”

2) “Un gozo en el alma”

“Siempre es primavera para un alma que está en gracia” (J.M. Vianney). Donde Dios está presente la alegría florece como por encanto. Cristo ha venido para que nuestro gozo fuera pleno y tan firme que nadie pudiera arrebatárnoslo. La experiencia nos dice que el secreto para poseerla no está en buscarla afanosamente. Muchos se hacen la ilusión de encontrarla en los paliativos superficiales del placer y terminan angustiados. El placer se queda en los sentidos; en cambio la alegría es un salto puro e irresistible de todo el ser hacia el único capaz de satisfacer todos nuestros anhelos. Nosotros no seguimos a Cristo para llenarnos de alegría, sino para amarlo y estar con Él. En recompensa Él viene hasta nosotros con una sorpresa: Es un privilegio que Dios nos concede gratuitamente y un don del Espíritu Santo. Así resulta natural creer, orar, ayudar al prójimo, corresponder a la acción de la gracia. Las palabras del profeta, las palabras del apóstol, se apoyan en una certeza: siempre en cualquier momento, por difícil y doloroso que sea, podemos mantener firmemente la confianza de que el Señor está con nosotros. Siempre, en cualquier momento, podemos acercarnos al Padre y ponernos ante Él con nuestras tristezas y esperanzas, nuestros anhelos y desengaños, sabiendo que su Espíritu está verdaderamente dentro de nosotros y nos conduce hacia su Reino. Saber escuchar al Señor que sigue repitiendo: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado” ¿Cómo lo ha hecho Él? Entregó su única túnica, compartió su pan, no exigió a nadie más de lo debido, no acusó a los que buscaban su muerte ni se defendió de las falsas acusaciones. Y yo ¿qué tengo que hacer? San Agustín nos responde: “Ama y haz lo que quieras”. El que ama no se pregunta hasta dónde, ni cómo ni por qué, ni mucho menos cuándo. ¡Ama! Y porque ama actúa. El verdadero amor se traduce en obras. Es el amor el que guía su vida y el artífice de su felicidad.

3) “La alegría no es una evasión de la realidad”

La figura de Juan Bautista, a las puertas de la Navidad, nos puede ayudar a no errar el camino. No nos hagamos falsas ilusiones: es preciso una preparación que conduzca a una auténtica conversión. También nosotros debemos preguntarnos: ¿Qué hemos de hacer? Seguramente la respuesta será también distinta para cada uno, pero estará siempre en la línea del combate que el Señor viene a realizar. Se trata de crecer en nuestro camino de fidelidad más radical a Aquel que esperamos, de compartir con mayor generosidad su lucha en nosotros. Las palabras del Bautista nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nuestro corazón. Todos conocemos más miseria e injusticia que la que podemos remediar con nuestras fuerzas. ¿Qué podemos hacer? Sencillamente, compartir lo que tenemos con los que lo necesitan. ¿Nos atreveremos a compartir lo nuestro con los necesitados? La invitación a la alegría conlleva una auténtica conversión, que no se consigue sin desgarrones dolorosos. La fidelidad a los deberes diarios siempre se traduce en sacrificio y renuncia al propio egoísmo. La verdadera alegría no se concilia con la evasión de los problemas humanos concretos sino que debe contar con el dolor, el sufrimiento, la muerte porque el Señor ya los ha vencido y porque podemos participar en la redención. El ruiseñor sabe cantar también cuando está sobre una rama de espinas. Desentenderse del mundo es desentenderse de los hombres, que son nuestros hermanos. Es pasar de largo ante los que sufren y lloran, ante los que son tratados injustamente, ante los marginados, ante el hambre, la violencia.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Ese es el gozoso anuncio de la Navidad que se aproxima: Jesús viene, Jesús está con nosotros. La Eucaristía es la presencia en la Iglesia, del Jesús que esperamos. Es el signo de lo que decía el profeta: "El Señor está en medio de ti". Y es la fuerza para que juntos, con la misma sencillez de los seguidores del Bautista, nos convirtamos y hagamos de nuestra vida una Buena Noticia de salvación para cuantos nos rodean. Y que el amor del Señor, su alegría, su paz, nos acompañen siempre. Cada año la Navidad es una sola; Juan nos invita a prepararla en la caridad. Que las figuritas del Belén, el árbol, los aguinaldos, los globos y villancicos no se queden en lo material y exterior sino que sean la expresión del gozo que tenemos en el alma porque Cristo quiere nacer una vez más entre nosotros y decirnos: “Sigo confiando en la humanidad”. “Yo te sigo amando”.

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (3º domingo de adviento / 17 de diciembre de 2017)

Tema:

El testimonio de Juan.


Exordio:
Ante la cercanía de la llegada del Mesías que nacerá como Niño, la Iglesia nos presenta la actitud interior de Juan como camino de preparación para recibir a Dios Niño en nuestros corazones.

Proposición:

Juan tiene la mirada fija en Jesús, Él es el Salvador. Juan se sabe simple y llanamente creatura, pero a la vez llamado a ser testigo del Mesías.

Desarrollo:

1. “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Él es la luz:

a. El único modo auténtico de preparar la Navidad es centrar nuestra mirada en Cristo. La Navidad solo tiene sentido en cuenta venida y presencia de Dios hecho hombre.

b. Debemos descubrirlo entre los hombres y dentro de uno mismo, y no distraernos a causa del trajín de la vida.

c. Él es luz interior, que serena en medio de las dificultades, que motiva a seguir caminando, que da seguridad para superar las dificultades.

2. “Yo no soy”, “no lo soy”, “no”:

a. El mejor modo que encuentra Juan para definirse es la negación.

b. Juan sabe que él no es Dios. Parece de sentido común, pero es una verdad que el hombre debe profundizar.

c. Si uno no es Dios:

i. Acepta los propios límites sin angustiarse ante sus errores,

ii. Se pone confiado en las manos del Señor sabiendo que Él es misericordioso y suple toda deficiencia.

3. “Soy la voz”, “testimonio de la luz”:

a. Aunque se define de modo negativo, sí expresa la misión que tiene.

b. Todos nosotros debemos estos días que quedan del adviento aprender de Juan:

i. Seamos voz que aconseja vivir con mayor conciencia religiosa los días navideños que se acercan,

ii. Que nuestro obrar sea testimonio de la caridad, de la paz y la luz que el Niño Dios nos ha traído.

Peroración:

Quedan ya muy pocos días para la Navidad. Sigamos con los preparativos externos, pero ayudemos también a los demás a preparar su interior para que recibamos de verdad al buen Dios en nuestros corazones.

 

 

P. Juan Carlos Ortega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.