Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

IIº domingo de Caresma(ciclo C)

“La contemplación”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Gn 15,5-18; Flp 3,17-4,1; Lc 9, 28b-36

Jesús se transfigura en el monte Tabor mientras está en oración escuchando a Dios y al mismo tiempo se oye la voz del Padre que invita a los apóstoles a escuchar a su Hijo La contemplación de la divinidad de Cristo se percibe sólo en un contexto de oración profunda. El tema de la conversación que sostiene con Elías y Moisés es el de su muerte y su resurrección. (Evangelio). Con ello se nos revela una de las constantes de la existencia humana: no hay vida sin muerte, ni gozo sin dolor. Todos los cristianos vivimos cubiertos por la nube de la presencia de Dios y, en la medida en que nos vamos iluminando, desaparecen las tinieblas; es la medida en la que vamos ganando terreno a la muerte. Abraham, padre de los creyentes, nos marca la ruta que tenemos que recorrer confiando en la promesa de salvación (Salmo); él creyó en la promesa y firmó un pacto eterno (1ª lectura). Nosotros, sus hijos ¿Cuántas veces vivimos como enemigos de Cristo aspirando a cosas terrenas? San Pablo nos exhorta a perseverar junto al Señor “para que Él transforme nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa” 2ª lectura).

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “La luz de su rostro”

El domingo pasado veíamos a Jesús en el desierto, postrado en tierra, ayunando y tentado; hoy lo admiramos en la cumbre del monte, revestido con la túnica blanca y el rostro resplandeciente. Así es también nuestra vida; hay momentos para todo. No podemos comenzar la Cuaresma con espíritu viejo, como si fuera una obligación pesada y fastidiosa, sino con el espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida, y experimenta ahora que todo debe hacer referencia a Él. Nuestra existencia cristiana es una búsqueda del rostro de Jesús en la que utilizamos los medios de la oración, del ayuno y de la penitencia. La experiencia de fe es una relación con Alguien que tiene un rostro; el rostro es la imagen de la persona; encontrarse cara a cara con alguien significa entrar en comunión. Dios me ofrece su inefable presencia e irrumpe en mi vida. Dios ha querido mostrar a la humanidad su rostro visible en Cristo transfigurado. “Buscad mi rostro” ¿Qué es lo que sostiene la búsqueda? El amor. El salmo que hemos invocado está penetrado todo él de un deseo apasionado: Contemplar aquel rostro radiante de bondad y de belleza. Los tres discípulos predilectos contemplaron ese rostro en el monte. Abraham también buscaba el rostro de Yahvé en un paisaje nocturno como para recordarnos que el encuentro de la fe está rodeado de oscuridad. No podemos vivir siempre bajo la luz del Tabor porque todavía no hemos llegado al amanecer eterno en que no sólo veremos la gloria de Cristo, sino que nosotros mismos estaremos transfigurados a su imagen. Si hoy abro mi corazón a Él con disponibilidad plena, mi existencia quedará transformada.

2) “Vivir en la nube”

"¡Qué hermoso es estar aquí!". La exclamación de Pedro me hace recordar aquellas palabras del poeta "Yo que querría detener tantos instantes de cada día para hacerlos eternos en mi corazón". Pero todos sabemos por experiencia que no es posible detener el tiempo en aquel punto preciso que nos gusta y convertirlo en plenitud. Podemos "hacer eternos" momentos de gozo y felicidad; pero sólo dentro del corazón. La vida seguirá su curso, y después de unos días vendrán otros. El evangelio dice que Pedro "no sabía lo que decía": Su gran felicidad le hacía soñar despierto. La voz desde la nube, en cambio, sí sabía lo que decía: "Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle". El relato de la Transfiguración viene a ser como un gran decorado para que hagamos caso de estas palabras. Por eso, "cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo". Se ha desvanecido la visión, se ha roto el encanto; quedan solamente las palabras desde la nube y queda Jesús solo, sin resplandores, sin compañías celestiales, sin nubes resplandecientes, sin voces extraordinarias. De esta experiencia divina debemos aprender una lección; el hombre moderno está sufriendo la insatisfacción que produce en su corazón el vacío interior, la banalidad de lo cotidiano, la superficialidad de nuestra sociedad, la incomunicación con el misterio La vida de cada día sigue su curso con sus luces y sus sombras, pero si nos hemos encontrado con Jesús todo se transforma. Así le ocurría al beato Enrico Susone que escribió: “Cuando en el canto de la Misa llego a las palabras “levantemos el corazón” me imagino que tengo ante mí a todos los seres creados por Dios en el cielo y en la tierra: el agua, el aire, el fuego, la luz y todo elemento, cada uno con su propio nombre, así como los pájaros del cielo, los peces del mar y las flores del bosque, la hierba y todas las plantas del campo, las innumerables arenas del mar, el polvillo que se ve a la luz del sol, las gotas de lluvia caídas o que caerán, el rocío que perla el prado. Entonces imagino que estoy entre estas criaturas como un maestro de canto en medio de un inmenso coro”. La vida cristiana no es una serie de cosas para hacer, sino el encuentro con Alguien a quien contemplar. Los filósofos prefieren razonar sobre la esencia y la existencia de Dios, sin embargo la fe nos lleva a una forma suprema de conocimiento: la contemplación. Esta no requiere complicados raciocinios, basta con que abramos los ojos y veamos ese rostro iluminado. A lo largo del año litúrgico iremos descubriendo el misterio de Cristo; necesitaremos ojos de niño para verlo con estupor: mirada simple, amante, prolongada, atenta siempre a descubrir una y otra vez, con el interés de quien no se cansa. El estupor es algo muy cercano al amor y se traduce espontáneamente en canto y la contemplación se convierte en alabanza. Por eso San Agustín recomienda a los cristianos: “caminad cantando porque así buscareis y encontrareis el rostro de Dios”

3) “Transformar nuestra condición humana”

Jesús se ha mostrado hombre como nosotros y ha conocido las múltiples situaciones de nuestra vida: pruebas, contradicciones y la muerte, hasta la vida de resucitado y glorioso, a la derecha del Padre. También nosotros debemos hacer nuestro camino llenos de esperanza; al final encontraremos como Jesús, la alegría definitiva, la luz sin ocaso, la vida en plenitud. El camino ascético que todo discípulo de Cristo debe recorrer lleva consigo una lucha contra el mal, contra toda forma de egoísmo y de odio, y además un esfuerzo por morir a nosotros mismos para vivir en Dios. Implica humildad y paciencia, generosidad y perseverancia. El tiempo de cuaresma nos ayuda a conocer la verdad fundamental sobre quiénes somos, de dónde venimos, adónde tenemos que ir, cuál es el camino que hay que tomar en la vida. La Cuaresma es como la vida; no es una pasión inútil, pero es una pasión y está llena de sacrificios, de peligros, de obstáculos, de problemas. No se vive sin esfuerzo, pero para esforzarnos necesitamos tener alguna esperanza. Para esforzarnos, no para quedarnos quietos porque la esperanza, lejos de ser un estado o un acomodo, es tensión y coraje, paso y aliento para el camino. Pedro, Santiago y Juan estuvieron bien despiertos con Jesús en la montaña pero cuando más tarde lo acompañaron en Getsemaní, se durmieron. Si nosotros nos dormimos cuando llega la hora de dar la vida, todas nuestras vivencias religiosas se convertirán en sueños. No podemos comer el pan del cuerpo de Cristo transfigurado, resucitado, si no comemos también el pan del cuerpo de Cristo crucificado. No podemos acompañarle en su gloria si no lo acompañamos en sus penas. No podemos ser compañeros de Cristo si no recorremos con él todo su camino, llevando también nosotros la cruz, solidarizándonos como él con todos los que sufren en el valle de lágrimas.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Afiancemos nuestra fe en Jesús y nuestra decisión de escucharle y seguirle. Dejémonos conducir por el Espíritu de Dios; también nosotros somos hijos de Dios. Por eso nos reunimos cada domingo para celebrar la eucaristía; no para hacernos unas chozas y quedarnos ahí arrobados. Sino para alimentarnos con el pan de la eucaristía y volver después al trabajo de cada día: a las alegrías, a la lucha, al esfuerzo. Pero nunca solos. Con Jesús.

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (IIº domingo de Cuaresma/ 17 de marzo de 2019)

 

TEMA:

La transfiguración


Exordio:
¿QUIÉN ES ÉSTE?

Proposición:

dar a conocer su auténtica Personalidad o identidad.

Desarrollo:

Lucas 9,28-36, La Transfiguración

Jesús sintió siempre la responsabilidad de dar a conocer su auténtica Personalidad o identidad. Esto no era nada fácil. ¿QUIÉN ES ÉSTE que hasta el viento y el mar obedecen? Los signos responden a esa pregunta. La paloma que vio Juan en el bautismo era un signo, pero sólo válido para San Juan Bautista. La conversión del agua en vino en Caná fue el primero de los signos.

Éste, el signo de la Transfiguración es el más grande - después de la resurrección - porque nos revela al Jesús natural, celeste, Hijo muy amado de Dios-Padre. A quien se debe que Moisés y Elías estén allí.

El cielo es nuestro lugar natural. En él se está bien... y con ganas de vivir allí para siempre.

Sorprende encontrarse con gente que no sólo no son felices, sino que tampoco quieren serlo. Viven sin por ven, sin ilusión, sin esperanza. Viven muertos o viven para morir. ¡Qué tristeza! Es difícil entenderlo, no porque sea difícil en sí, sino porque es una novedad. Antes era sólo promesa, ahora es ya realidad. San Pablo hoy, en la segunda lectura, lo dice: ' Nosotros somos, igual que Moisés y Elías, ciudadanos del Cielo'. Nos suena un poco raro por la novedad más que por el deseo natural que tenemos de llegar a ese modo de existir que engloba la palabra "cielo".

Peroración:

Pedro, Santiago y Juan no lo entendieron, pero la experiencia se les quedó grabadísima.

P. Ángel Llorente, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.