Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

Santísima Trinidad (ciclo C)

“Los tres de nuestra familia”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Prov. 8,22-31; Rm. 5,1-5; Jn. 16, 12-16

En el centro de la creación está el hombre que ha sido hecho a imagen de Dios; gracias a ese privilegio el hombre es la única criatura capaz de reconocerlo, glorificarlo y escrutar en el misterio de la Trinidad (Salmo). A Dios Padre lo hemos conocido a través de su Hijo Jesucristo, y con la venida del Espíritu Santo hemos entrado en relación con las tres personas divinas. La Santísima Trinidad no es una abstracción. ¡Es nuestra familia! (2ª. lectura). Esta fiesta es como la coronación de los misterios de nuestra redención en los que hemos meditado a lo largo del año. Celebrar la Trinidad no es pretender penetrar en la inmensidad de Dios que es un misterio incomprensible sino descubrir con gozo que la fuente de nuestra vida es Dios (Prefacio). Nos ayuda también a iluminar la marcha de la Iglesia a través de los tiempos, guiada por la sabiduría del Padre y el amor del Espíritu Santo.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “En qué creemos?”

La Sagrada Escritura es una documentación de ese hecho maravilloso que se llama revelación. Durante quince siglos nos va “desvelando”, es decir, quitando el velo para que entendamos progresivamente, siempre más y más, la verdad de Jesucristo hasta lograr la visión luminosa. Revela sobre todo los planes de Dios que en sí mismos son impenetrables, pero además revela el sentido de los acontecimientos humanos de este plan. Los hechos más insignificantes de nuestra vida quedan rescatados y sublimados por la luz de la Palabra divina hasta adquirir el valor de un “signo”; son parte de la historia de la salvación. Existe un contacto misterioso entre la realidad trascendente de Dios y nuestra pobre experiencia. La sabiduría de Dios es eterna pero ha querido involucrarse en nuestra inmanencia a través de la humanidad de Jesucristo; así participamos de la Verdad de Dios y de su Amor y lo hacemos vida en nuestras preocupaciones diarias. Entramos en su misterio y Él entra también en nuestra vida. Nuestra vida cristiana está marcada por este Dios Trino que ha actuado desde siempre para nuestra salvación: En el Bautismo fuimos signados y bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"; envueltos, por tanto, ya desde el principio en su amor En nuestra celebración eucarística, al principio nos santiguamos en su nombre, y al final el celebrante nos bendice también con la fuerza del Dios Padre, Hijo y Espíritu; a lo largo de la misa cantamos el Gloria, o recitamos el Credo, siempre centrados en la actuación de las tres divinas Personas; y el sacerdote siempre dirige la oración al Padre, por medio de Cristo y el Espíritu; también en nuestra oración personal nos santiguamos recordando a Dios o decimos el "Gloria al Padre" como resumen de nuestras mejores actitudes de fe. Todo esto nos motiva para que sigamos nuestra vida con esperanza, con alegría. Estamos "sumergidos" en ese Dios a quien oramos y a quien hoy celebramos de una manera más explícita. Ese Dios que es nuestro origen y nuestro destino gozoso.

2) “La revelación continúa en la Iglesia”

La revelación alcanza su plenitud en Cristo, sin embargo, hay dos elementos que la prolongan: El testimonio de los apóstoles que llega hasta nosotros a través de sus escritos y de las enseñanzas de sus sucesores; y la acción del Espíritu Santo en el corazón de las almas santas. El primer elemento actúa desde fuera, el otro desde dentro. No significa que haya cosas nuevas para descubrir, sino que no hemos acabado de entrar todavía en la verdad definitiva que nos trajo Cristo. Dios calla en la tierra, Dios está escondido. Llegaremos a ese punto solamente cuando terminen de caer todos los velos que lo encubren y lo veamos tal como es Él. Pero, mientras tanto, ¿Cómo podemos saber si vamos por el camino justo? ¿Cómo saciar nuestra sed de infinito que es innata en nuestro corazón? ¿Qué lugar ocupan las Sagradas Escrituras en este conocimiento? En la medida en que demos respuesta a estos interrogantes podemos saber si nuestra fe es viva. El papa Benedicto XVI nos anima en la búsqueda y llega a la conclusión de que es fácil encontrar a Dios: “Todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios uno y trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armonioso, que analógicamente podemos llamar "amor". Los santos han vivido esta experiencia de forma personal y nos señalan el camino. Unos han llegado más lejos al contemplar la belleza de la creación como Santa Teresita de los Andes; contemplando el mar del Algarrobo nos dijo: “Cuando pienso que tengo que abandonarlo todo, le digo al Señor que todo lo bello y lo grande, lo encuentro en Él. La naturaleza lleva a Dios. ¡Yo amo tanto esas montañas, ellas me hablan de él! Pero mirad, los horizontes del carmelo son todavía más bellos, son el infinito. En Dios poseo todos los valles, todos los lagos, todos los panoramas. ¿Qué se puede buscar que no esté en Jesús?»”.

3) “Como una familia”

Podemos ver con qué naturalidad habla san Pablo a las primeras comunidades de la gracia o salvación de Jesucristo, del amor del Padre y del don o comunión del Espíritu Santo; pero en definitiva sólo se limita a insistirnos en el amor y la bondad de Dios. Otros han mirado dentro de su corazón y han encontrado el amor de Dios: “¡Creer en el amor! ¡Creer en el amor! No podría vivir; me asfixiaría sin esta patente y experimental realidad que da vida a mi alma. Estoy seguro de este amor infinito porque Él ha roto las cadenas del espacio y del tiempo para darse a conocer a mí, invitándome a compartir este amor y este conocimiento con todos los hombres” (Maciel). La Trinidad es misterio de amor y comunión. La Trinidad significa que nuestro Dios no es un Dios solitario, sino que en Dios hay calor familiar. Dios no es único a pesar de ser tres, sino que es único precisamente porque en él son tres que comparten todo lo que son, hasta llegar a realizar aquello que para las personas que se aman siempre será un sueño: sin dejar de ser ellos, ser una misma cosa. No es posible ser Iglesia de la Trinidad sino en la unidad de la caridad. Una unidad que nace de la comunión trinitaria con nosotros y de nuestra comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo y se expresa visiblemente en la comunidad eclesial para extenderse a todas partes y manifestar el plan de Dios de “un solo rebaño y un solo pastor” (Jn. 10,16). Dios, en su realidad más profunda, es una vida de familia; la comunión de tres personas que comparten la vida en plenitud. Dios no es un ser solitario, vacío, frío, impenetrable, impersonal; Dios es vida compartida, amor comunitario, comunión de personas. Dios, en lo más íntimo de su ser es apertura, diálogo, entrega mutua, donación recíproca, amor a otro. Dios es pluralismo en la unidad.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Al final de este tiempo en que hemos seguido los misterios del Salvador y hemos recordado todo lo que el Dios Trino ha hecho por nosotros, nos detenemos para volvernos hacia Aquél de quien todo lo hemos recibido. En este sentido, la fiesta de la Santísima. Trinidad debería ser la gran fiesta de acción de gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu por todo lo que han hecho por nosotros. La Iglesia nos invita a tomar conciencia de que nuestro corazón es templo de las tres divinas personas. Esta realidad misteriosa y sobrenatural, reclama de nosotros la adoración humilde y llena de fe.

P. José Luis Díaz L.C.

Domingo de la Santísima Trinidad.

Jn 16, 12-15

TEMA:

La Santísima Trinidad


Exordio:
Misterio de nuestra fe cristiana

Proposición:

Yo soy la Verdad

Desarrollo:

“Bendito sea Dios Padre, y el Hijo unigénito de Dios, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia con nosotros”. Así comienza la Antífona de entrada de la misa de este domingo dedicado a contemplar y festejar el principal Misterio de nuestra fe cristiana: la Santísima Trinidad: un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El misterio de la Santísima Trinidad está perfectamente dibujado por Jesús con su Palabra, cuando habla del Padre en tantas oportunidades y cuando habla del Espíritu Santo como persona diferenciada del Padre y de Él mismo. Por ejemplo: la palabra “verdad”, es la palabra más elevada de cuantas existen. Parecería de contenido intelectual, pero he aquí que Jesucristo se la apropia: “Yo soy la Verdad” (Jn 14,6). ¿Cómo entender esto? La verdad tiene un modo de ser propio y personal, con el cual Jesús y el Padre se relacionan, al que Jesús llama “el Espíritu de la Verdad” (Jn 14,17; 15,26; 16,13 y 1 Jn 4,6). “Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre”. Al decir Jesús “que procede del Padre” y “que os enviaré Yo”, está distinguiendo tres personas muy, muy, muy íntimamente unidas entre sí, pero diferenciadas.

Lo mismo dice en el cap. 14,16-17 “yo pediré al Padre y os dará otro Defensor, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad…”. Aquí añade una de las actividades propias de esta persona Trinitaria: “Defensor”, al mismo tiempo que consuelo, fortaleza e intercesor. Pero, quizá la actividad más útil y grandiosa de esta Persona que es el Espíritu Santo, consiste en llevarnos al conocimiento auténtico de Dios y de Jesucristo, sobre los cuales se difunden tantos errores: “en esto conocemos el Espíritu de la Verdad y el espíritu del error” (1 Jn 4,6).

Este Espíritu de la Verdad no lo puede recibir el mundo (Jn14,17), porque el mundo está poseído por el espíritu del error. Esto nos lo aclara san Juan con estas sintomáticas y reveladoras palabras: “Vosotros, hijos míos, sois de Dios y habéis vencido el mundo. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo” (1 Jn 1,4).

Los creyentes en Cristo debemos escuchar con mucha atención estas palabras del Evangelio y meditarlas de modo contemplativo, gozoso; expuestos a la acción energética e inteligente del Espíritu Santo. Y repetir sin rutina, con mucha atención, con mucha ternura y con mucho amor: “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Y sabernos muy afortunados porque Dios nos invita a entrar en Su Mundo y participar de él, eso que Jesucristo llama con tanto cariño e insistencia: El Reino de Dios.

 

Peroración:

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo! Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

P.ÀngelLlorente,LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.