Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

Domingo XII tiempo ordinario (ciclo A)

“No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Jeremías 20, 10-13; 2ª: Romanos 5,12-15; 3ª: Mateo 10, 26-33

El cristiano, al igual que su Maestro, va a ser siempre “signo de contradicción” en medio del mundo. El profeta Jeremías se siente traicionado por los amigos y perseguido por los enemigos, pero nunca abandonado por Dios (primera lectura). “No tengáis miedo a los hombres”, les dice Jesús a sus discípulos, porque ellos no pueden hacer nada contra quien está en el bando de Dios. Es su Divina Providencia la que cuidará hasta los mínimos detalles de nuestra seguridad y de nuestra felicidad eterna (Evangelio) No hay proporción entre la fuerza del pecado y la omnipotencia de la redención (segunda lectura). Esta es la garantía que sostiene al cristiano aún en las más sangrientas persecuciones.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) Mártir significa “testigo”, también en el siglo XXI:

Parece lejano aquel tiempo en que los cristianos pagaban con su sangre el precio de la fe El heroísmo de la Iglesia primitiva se convirtió en espectáculo de feria en el circo máximo romano y el coliseo; luego las catacumbas guardaron para nosotros sus sagradas reliquias. En esas arenas comenzó la expansión del Evangelio por todo el mundo occidental según la afirmación de Tertuliano: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Ha habido siempre una relación directa entre la generosidad de los cristianos y la fecundidad apostólica de todos los tiempos.

Juan Pablo II nos ha invitado a abrir los ojos ante “los nuevos mártires”. El siglo XX rico en descubrimientos, tecnología, bienestar, apego a la vida, pero también miedo a perderla, ha llegado a ser también el siglo de los mártires cristianos: España, México, Irlanda, Polonia, Rusia, Vietnam… y la lista se hace cada año más larga. Misioneros asesinados por predicar el Evangelio, seglares torturados, perseguidos, deportados, discriminados por su fe. La carta a los Hebreos (12,14) es de tremenda actualidad: “No habéis resistido todavía hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado”.

Mons. Van Thuan escribe desde la cárcel: “En 350 años Vietnam ha dado a la Iglesia 150.000 mártires. Los mártires nos han enseñado a decir que sí; un sí sin condiciones ni límites al amor por el Señor. Pero también los mártires nos han enseñado a decir que no a las lisonjas, a las componendas, a la injusticia, quizá con el fin de salvar la vida o gozar de un poco de tranquilidad.” La fidelidad de la Iglesia, las vocaciones sacerdotales y religiosas, la santidad familiar, nacen de la gracia de la prueba. Los mártires cruentos de hoy pertenecen a varias naciones, hablan lenguas diferentes, tienen rasgos diversos. Muchos pueblos, muchas Iglesias, muchas comunidades han sufrido. Mártires de la caridad y de la fe en el comunismo soviético o en los campos de concentración del nazismo; mártires del odio étnico o de la discriminación religiosa.

2) “Martirio incruento” en la cultura occidental

Escribía Isaac el Sirio: “Déjate perseguir pero tú no persigas. Déjate crucificar, pero tú no crucifiques. Déjate ultrajar, pero tú no ultrajes”. El cristiano de hoy sigue siendo signo de contradicción como el profeta Jeremías en la primera lectura. Punto de choque entre dos fuerzas opuestas: el amor de Dios que nos urge la fidelidad y la rebeldía del hombre que se resiste a someterse. La cultura occidental no siempre nos persigue hasta el derramamiento de la sangre por motivo de nuestra fe, pero nos exige un martirio incruento, muchas veces más sutil y doloroso que la muerte.

Nuestra sociedad materialista y hedonista no solamente halaga nuestros sentidos apartándonos de la ley de Dios, es sobre todo una sociedad secularizada y escéptica frente a los valores trascendentes, cerrada a cualquier referencia que venga “de fuera” o “de lo alto”, indispuesta a aceptar testimonios de vida y normas de comportamiento que se presenten como valores absolutos. En medio de este “desierto de los sagrado” y de este “eclipse de lo trascendente” Jesús nos invita en el Evangelio de hoy a dar testimonio del plan de Dios sobre los hombres. Las palabras de Cristo nos infunden valor para superar la dificultad, la oposición y el miedo a la muerte “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero que no pueden matar el alma”.

Hoy es más difícil dar testimonio en un ambiente distraído, desinteresado, que ni siquiera se entera del testimonio. El testigo de Cristo corre el peligro de perder vigor, no por la hostilidad de las fuerzas adversas sino por la caída de tensiones espirituales. En un contexto cultural de “pensamiento débil” que se niega a grandes ideales, es difícil dar testimonio de “valores fuertes”.

3) Testigos de la Pascua de Cristo

“La Iglesia continúa su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (L.G. 8). El que quiera vivir como discípulo de Cristo encontrará muchas pruebas, sufrimientos, desprecios, burlas, humillaciones, aislamiento… y esto puede provocar el desaliento. “No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo”. Las palabras de Jesucristo deben reavivar en nuestro corazón las convicciones de las realidades en las que creemos y que debemos profesar con radicalidad en medio de un ambiente indiferente u hostil, sin desanimarnos, sin resignarnos, sin abandonar el campo. Al contrario, han de afianzarnos en la convicción de que todo lo que hacemos por Cristo y por nuestros hermanos tiene sentido y no quedará sin fruto.

La herencia de los mártires que derramaron su sangre por Cristo y la de los mártires incruentos de todos los tiempos es algo que nosotros hemos de abrazar y traducir a nuestra vida de cada día, en las pequeñas y grandes dificultades, en la renuncia a cualquier tipo de odio, agresividad o violencia, en la vivencia de la mansedumbre, la fidelidad y la caridad cristiana. La sangre de Cristo, mártir por excelencia, ha dejado un ejército de nuevos mártires entre los que estamos incluidos nosotros mismos: mártires de la pureza, mártires de la justicia, mártires niños, mujeres y hombres mártires. Una humanidad cristiana mansa y humilde, no violenta, que resiste al mal; débil y al mismo tiempo fuerte en la fe, que ha amado y creído más allá de la muerte.

La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe. Él ya ha vencido a la muerte y al pecado. Por el Bautismo se actualizan todas las gracias de la Redención en nuestra propia vida y en la misión apostólica de la Iglesia. Es por eso que el cristiano debe ser un optimista empedernido, un trabajador incansable, un colaborador fiel en la obra de Dios. También nosotros vamos a resucitar. También nosotros, con Cristo “hemos vencido al mundo”.

 

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

“Señor, creo que si se presentara la ocasión de derramar mi sangre por ti, no me costaría mucho gritar a los verdugos: “!Viva Jesucristo¡”. Me convertiría en el gran mártir de un pequeño momento. Lo que veo más difícil es el poder llegar a ser el pequeño mártir de esos interminables momentos de mi vida ordinaria, llenos de rutina, desmotivación, desaliento, en los que me cuesta tanto decir: “¡mi vida por Cristo!” Concédeme la gracia enorme de perseverar en tu amor para serte fiel en este martirio incruento e invisible”

P. José Luis Díaz L.C.

Posible homilía

Tema:

Encontrarte con Cristo te transforma
Exordio:
Hay situaciones en la vida que marcan un antes y un después. Personas que un día se encontraron con quien sería su esposo o su esposa y tal encuentro determinó el rumbo de toda su vida. O como en mi caso que un día escuche la llamada de Jesucristo al sacerdocio y desde entonces mi vida adquirió un colorido inesperado y magnífico.

Proposición:

Quien se encuentra verdaderamente con Jesucristo su vida se transforma

Desarrollo:

El evangelio nos habla de un encuentro con Cristo transformador. No se trata de un encuentro que entusiasma por un rato solamente; sino de un encuentro que hace cambiar 180º el rumbo de una vida. Son tres los momentos de este encuentro:

1. Zaqueo busca a Jesucristo

a. Había oído hablar de Él y movido por la curiosidad se acerca.

b. No pretendía nada más que ver a Jesús

c. Por ser bajito se sube a un árbol para verlo mejor y esa fue su “perdición”, se pudo al alcance de la mirada de Cristo

     

2. Jesucristo lo ve y actúa

    a. Seguramente habrá preguntado quién ese adulto que como un niño se ha subido al árbol.

    b. Llegado al sitio le llama por su nombre: Dios nos conoce por nuestro nombre, no somos un anónimo más en la masa informe de la humanidad

    c. Y conociendo su situación se auto invita a cenar en su casa.

3. Zaqueo se transforma

a. Seguramente la cercanía, la confianza, el amor misericordioso de Jesucristo fue el detonante de esa conversión.

b. Se había encontrado por primera vez con una persona que no le juzgaba interiormente, ni le recriminaba su conducta.

c. Eso le lleva a reflexionar y a querer ser como el maestro que tenía en su casa

d. El resultado es el que sabemos:

i. Da la mitad de los bienes a los pobres: empieza por la misericordia

ii. Y termina con la justicia restituyendo cuatro veces más a los que había defraudado.

Peroración:

•No tengamos miedo de salir al encuentro de Cristo que pasa por nuestra vida. No te va a pedir nada. Serás tú el que descubriendo quién es, le darás todo. Y además te llenarás de una felicidad indescriptible.

 

P. Agustín De la Vega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.