Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

XIIº domingo ordinario (ciclo B)

“El huracán y la barca”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Job 38,1,8-11; 2ª: II Co 5,14-17; 3ª: Mc 4,35-41

Hoy soplan vientos contrarios para la fe y para la vida de la Iglesia; pero es una buena prueba para despertar de la mediocridad y superficialidad a tantos creyentes. Unos se desalientan otros se escandalizan y hay quien pretende amainar la tempestad por sus propios medios. Yahvé salva a Job de la tempestad de la duda mostrándose como el Señor del mar y del universo (1ª lectura). Jesús increpa a los vientos y estos le obedecen, pero reprocha a los discípulos su cobardía y poca fe (Evangelio). ¿Cuál es nuestra actitud cuando sentimos que nos hundimos? El que no es de Cristo valora a las personas y las circunstancias con criterios humanos; pero el que vive con Cristo es criatura nueva, sabiendo que Él murió y resucitó por todos. (2ª lectura)

MENSAJE DOCTRINAL:

1) ¿Quién puede dormir en la tormenta?

La escena nocturna de doce hombres encorvados sobre sus remos, que luchan hasta el límite de sus fuerzas contra el furor de la naturaleza, nos hacen ver la gravedad del momento. Pero su simbolismo va más allá de la narración. La tormenta es imagen de las persecuciones que sufre la Iglesia y las luchas que cada alma tiene que librar contra las tentaciones y dificultades. Pequeñas y grandes tempestades: inquietudes, proyectos que no llegan a realizarse, dificultades en las relaciones con los demás, desgracias inesperadas. Puede sobrevenir la duda de que Dios se ha olvidado de nosotros; que “Jesús duerme”. Entonces nuestra fe comienza a vacilar y llega la desesperación. Pero podemos preguntarnos: ¿Con qué ojos vemos los acontecimientos de nuestra vida? ¿Con los de la fe, con los de la mentalidad que nos rodea, o con los de nuestro propio orgullo? “Cada vez que Cristo se duerme en la barca de nuestra vida, se desencadena la tempestad con todas las fuerzas del viento”. (San Pedro Crisólogo) ¿No será nuestra falta de fe que interpreta las adversidades como una conjura de todas las fuerzas naturales y sobrenaturales contra nosotros? Algunas situaciones nos llegan con tal violencia que humanamente parecen insoportables, pero entonces ¿Con cuánta fe hacemos oración como los apóstoles: “Señor, sálvanos que perecemos”?

2) Qué milagros esperamos

Los milagros entusiasmaban a nuestros mayores y sus creencias se basaban en estas pruebas irrebatibles de la omnipotencia de Dios. Sin embargo Jesús se muestra renuente a dar pruebas. Los milagros que realizó, los hizo casi a disgusto, por piedad, por bondad, en secreto, recomendando silencio, sintiendo siempre que corría el riesgo de distraer la atención de otras cosas más importantes que quería revelar. Los judíos exigían señales en el cielo, el aplastamiento de los enemigos, la dominación universal. Nosotros también queremos milagros y estaríamos tranquilos con esa fácil solución. ¿Cuáles serían los motivos por los que Jesús seguía dormido en la tormenta? ¿No era acaso Él, el dueño del viento y de las aguas? El primer motivo de esta negativa es que una religión de milagros pondría a Dios al servicio de nuestros intereses y de nuestros caprichos. El papel de la religión es ayudarnos a despegarnos del mundo; pero las curaciones que esperamos, los éxitos temporales, el alivio en los sufrimientos harían que nos apegáramos más a esta vida que algún día tenemos que dejar. “Vosotros me seguís, decía Jesús, porque habéis comido pan y os habéis saciado”. El segundo motivo es que Jesús sabía que los milagros que realizaba sobre las cosas, distraían la atención sobre su persona. Las almas sinceras descubrían al Mesías a través de sus palabras, sus gestos, sus miradas. Las almas groseras y superficiales no se interesaban más que por los resultados obtenidos. El tercer motivo, el más importante es que el milagro físico es una revelación de poder. Pero Jesús no quería revelar de Dios más que el amor. El milagro que realizaba a través de los milagros era el de la revelación del amor de Dios hasta el punto de entregar a su Hijo único para salvar al mundo. Este milagro no lo entendemos cuando reclamamos: “Sálvanos que perecemos”. Jesús está ahí como dormido, tranquilo, silencioso, paciente. El motivo de nuestra fe está en ponernos en contacto real con aquel que está ahí dormido. Debemos ser capaces de creer en Él sin necesitar otros milagros que no sean el de su amor. En otras palabras: No buscar los milagros del Señor, sino al Señor de los milagros.

 

3) ¿Morir de miedo o vivir de fe?

“¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Este reproche nos sorprende, cuando creíamos que esa reacción ante el peligro era signo de confianza. Todos acudimos al Señor cuando nos sentimos amenazados por un mal. Jesús reprende lo que nosotros hubiéramos alabado. El nos revela que la oración de los apóstoles era, en realidad, una oración desconfiada, de inquietud, de duda, Si Él estaba allí no tenían nada que temer. No se puede perecer en compañía de Jesús porque Él puede salvarnos, aún durmiendo. Nos da miedo tomar en serio nuestra vida; es más fácil “instalarse y seguir tirando” sin atreverse a afrontar el sentido de la existencia. ¡Cuántos retroceden y se repliegan cómodamente en la pasividad cuando descubren las exigencias y luchas de cada día! Pero no se puede vivir a la deriva. Deberíamos escuchar con sinceridad las palabras de Jesús: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. El miedo es el mayor enemigo de las personas, de la familia, de las comunidades. El miedo ha hecho mucho daño en la Iglesia porque paraliza, impide la creatividad, la aventura evangélica. Alguien ha dicho atinadamente: “Hay que tenerle miedo al miedo”.

El mayor pecado contra la fe es la cobardía; no nos atrevemos a tomar en serio todo lo que el Evangelio significa. Ballet hablaba de “la herejía disfrazada” de los que defienden el cristianismo, incluso con agresividad, pero no se abren nunca a las exigencias más fundamentales del Evangelio. A veces parece que Jesús duerme; son las noches de la fe. Es el silencio desgarrador y desesperante del Señor. También Jesús sufrió esa noche con respecto al Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Mt. 27,46) Este es el momento culminante de la fe, cuando a pesar de que nos envuelven las tinieblas confiamos en Él. Es el momento de la fe desnuda.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Haz una lista de tus “tormentas personales”. No te creas más débil o más pecador que los demás; más bien recuerda que “Él hace llover y salir el sol sobre buenos y malos” (Mt. 5,45) y que Él murió por todos. Sabemos que va en nuestra barca y nos dice: “Atrévete, llevas dentro de ti una reserva de energías divinas. Yo estaré contigo hasta el fin del mundo”. Tener fe es ser audaz y valiente y rezar con Santa. Teresa: “Nada te turbe, nada te espante… Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”.

 

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (Solemnidad de san Juan Bautista / 24 de junio de 2018)

 

TEMA:
El mayor entre los nacidos de mujer.


Exordio:
San Juan es una gran fiesta popular en muchos rincones de España. De modo extraordinario, la Iglesia se centra en este domingo en la persona de San Juan Bautista. Se interrumpe el recorrido ordinario de los evangelios para reflexionar sobre el precursor de Jesús.

Proposición:

¿Por qué Cristo define a Juan Bautista como la persona más grande que ha existido? ¿No es atrevida esta afirmación? Y en cambio es algo tan sencillo que, hasta cierto punto, cada uno de nosotros podemos ser el mayor nacido de mujer.

Desarrollo:

El prefacio explica los motivos para considerar a Juan Bautista “el mayor entre los nacidos de mujer”.

1. “Su nacimiento fue motivo de gran alegría”.

- La concepción de San Juan fue motivo de alegría para Isabel y Zacarías.

- Estoy seguro que nuestro nacimiento fue fruto de gran alegría en nuestra familia.

2. “Mostró el Cordero de la redención. Él bautizó al mismo autor del bautismo”.

- Los evangelios cuentan con claridad que Juan bautizó a Jesús y que lo reconoció como el Salvador de todos.

- Nosotros reconocemos a Jesús como nuestro Salvador. Por medio de nuestros consejos y testimonio “bautizamos” a los demás, pues hacemos que conozcan y acojan a Jesús en sus corazones.

3. “Mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre”.

- San Juan fue mártir por defender la auténtica doctrina de Cristo.

- Podemos pensar que será difícil que nosotros lleguemos a morir como mártires, pero sabemos muy bien que estamos llamados a testimoniar nuestra fe en Él. El hecho de estar hoy en Misa es un testimonio de la fe en Cristo, pues mucha gente no entiende que perdamos un tiempo del domingo para estas cosas, no entiende que vivamos la caridad, que perdonemos, que hablemos bien de los demás. Y vivir todo esto es, en ocasiones, un verdadero martirio.

Peroración:

Agradezcamos a Dios la persona y vida de San Juan Bautista. Como él, vivamos nuestra fe con alegría, reconociendo a Jesús como Salvador y dispuestos a testimoniarlo con nuestra vida.

 

P. Juan Carlos Ortega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.