Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

CUARESMA IV (ciclo A)

“OJOS LIMPIOS”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: 1Sam 16,1b.4.6-7.10-13a; 2ª Ef 5,8-14; 3ª Jn. 9,1-41

En esta mañana cuaresmal aparece ante nuestros ojos el misterio siempre pendiente de la confrontación entre la luz y las tinieblas. Reconocemos fácilmente en Cristo a “la Luz que ilumina a todo hombre”. Lo vemos en nuestra conciencia no como un juez que condena, sino como la Luz que manifiesta simplemente su presencia. La liturgia nos invita a reflexionar sobre nuestra identidad cristiana, sobre la dignidad de nuestra condición y sobre la vocación a la que hemos sido llamados. La narración del ciego de nacimiento trae a nuestra memoria nuestra condición de bautizados, y la piscina de Siloé es clave de lectura para entender la necesidad y la urgencia de quedar purificados (evangelio). En esta perspectiva debemos ver también la vocación de David: Dios no se mueve según la lógica y las previsiones de los hombres, sino que conduce la historia con criterios que a veces no podemos entender (primera lectura). San Pablo invita a los de efesios recién bautizados, a pasar de las tinieblas a la luz y a ser luz para los demás, actuando en consecuencia: “Despierta, tú que duermes, aléjate de los muertos y te iluminará Cristo” (segunda lectura).

MENSAJE DOCTRINAL:

1.- “Es necesario lavar los ojos del alma”

Este evangelio ¿Es el relato de un milagro? No, Juan cuenta el milagro en un par de versículos de los cuarenta y uno que tiene la narración. Lo que Juan va describiendo muy despacio es el proceso de la fe. Al principio todos están ciegos; al final, sólo uno ha sido curado y los demás siguen ciegos. El ciego sale de la noche: “¡Creo en ti Señor!”; en cambio los judíos se sumergen en la noche: “¡Ese Jesús es un pecador!”. Quién más, quién menos, todos estamos en una situación de penumbra o de tiniebla: Tenemos dudas, soledad, desorientación, búsqueda, confusión de ideas. ¡Qué difícil es que vean los que no quieren ver, los que presumen de ver, los que están interesados en que no haya más luz que la de sus ojos, los que no saben dudar ni preguntar! Sobre todo es difícil que vean los que aman mucho más su prestigio que la verdad, los que están poseídos de su autoridad y pretenden no equivocarse nunca hasta el extremo de exigir obediencia ciega, los ciegos que se constituyen a sí mismos en guías de ciegos. No ven, no quieren ver, no dejan ver. ¿Cómo podrán ser iluminados por la luz del mundo? Recordemos lo que dice Jesús a los fariseos: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís: ‘Vemos’, vuestro pecado permanece”. Reconozcamos nuestra ceguera y Cristo nos iluminará, poco a poco, hasta llegar al pleno día de su divina presencia. Es necesario recorrer todo un camino de purificación, de ir despejando las tinieblas interiores, de “lavar” lo oscuro al contacto con la palabra de Jesús. La respuesta de Dios es su Hijo, Jesús, la Luz que disipa toda tiniebla, vence a la muerte, orienta y dirige, comunica la verdad, conduce a la salvación y la alegría. Esto es lo que celebramos en Pascua. La verdadera Luz está en Dios mismo, “luz sobre toda luz”, como decimos en la Plegaria IV. Pero Cristo es el reflejo de esa Luz inaccesible: “oh Luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste e inmortal”. Él es “el Sol que nace de lo alto”. Pero en el evangelio vemos que no sólo es Luz, sino también “juicio”, o signo de contradicción.

2.- “Aprendamos a ver de otra manera”

También nosotros, los cristianos, tenemos el peligro de rechazar en la práctica la Luz de Cristo. Todo el evangelio de Juan está como impregnado de aquella afirmación primera: “los suyos no le recibieron”, a pesar de que el Enviado era la Luz que ilumina a todos. Seguramente no le rechazaremos en teoría, pero sí en la práctica, no obrando como “hijos de la luz”. Vida Pascual es sinónimo de vida en la Luz. Y esa es la meta de toda la Cuaresma. Pero hay todavía otros aspectos: los que somos “iluminados” por la Luz de Cristo en el Bautismo, en esta Pascua, debemos ser por nuestra parte “iluminadores” de los demás. Como nos ha dicho San Pablo en la carta a los Efesios: “En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor”. Por medio del sacramento el hombre pasa de las tinieblas del pecado a la luz de la vida en Cristo, de la ceguera espiritual al conocimiento de Dios mediante la fe. Y es la fe la que ilumina toda la existencia humana, dándole sentidos y orientaciones nuevas, de donde surge esta consecuencia de San Pablo: “Caminad como hijos de la luz”. Precisamente porque Cristo es la luz del mundo, la vocación del cristiano consiste en reflejar esa luz y hacerla resplandecer en su propia vida como el ciego, que dio testimonio de su fe en Cristo, a pesar de que le costó la expulsión de la sinagoga. Aquel que ha llegado a ver tiene que dar testimonio de lo que ve: primero de sí mismo.

Tener una visión nueva, comportarse como creyente en medio de la sociedad, trae muchas y graves consecuencias: interrogatorios, desprecios y hasta ser expulsados de la sociedad en que se vive; el mundo de los ciegos somos incapaces de aceptar a los videntes, a los clarividentes. El ciego, que es tenido por pecador, llega gradualmente a la luz y cree en Cristo. Los fariseos, los que eran tenidos por “justos”, se van encerrando en sí mismos y en su oscuridad, en su pecado, y no aceptan a Cristo. Ahí está el “juicio” y la división: los que no ven, llegan a ver; los que creen ver, se quedan ciegos. La Pascua próxima nos pondrá también a nosotros en la encrucijada de una opción: luz o tiniebla. El ciego de nacimiento, además, se propone la profundización en el conocimiento y compromiso de la fe: “Los que son hijos de la luz tienen que caminar como hijos de la luz”. Esto supone trabajar y luchar por “el amor, la justicia y la verdad”. La exigencia de la nueva visión supone no aceptar dar pasos de ciego, huir de las obras equivocadas y estériles de las tinieblas.

3) “Ya no somos mendigos de la luz”

Somos ciegos de nacimiento y necesitamos ver; somos mendigos de la luz. Pero esto, más que un pecado, es una situación y una carencia. Pecado es la mentira, la mala fe, la obcecación, la incredulidad y no la simple ceguera. El que comete pecado, el que resiste a la luz, es ciego por voluntad, su ceguera ya no es simple situación sino actitud premeditada y consciente contra la luz. Debo convencerme de que soy pecador, plenamente participante en el pecado del mundo en el que me hallo sumido a través del erotismo, de la mentira, de la guerra y la violencia, del deslizamiento en la comodidad y en el placer. Este es el pecado del mundo: que las tinieblas no reciben la luz. Para Juan, el único pecado es la incredulidad. Todos los hombres somos ciegos de nacimiento, pero no todos somos tinieblas. Los hombres que quieren ver y reconocen su ceguera ya comienzan a ver algo, al menos lo suficiente para que la luz visite sus ojos y los vaya conduciendo poco a poco a su divina presencia. Los que no quieren ver también progresan en su ceguera, poco a poco llegan a la obcecación.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Cristo se nos manifiesta hoy como la luz del mundo que vino a dar testimonio de la verdad; una luz que nos quiere enseñar a ver. Caminar como “hijos de la luz significa vivir en la bondad, la justicia y la verdad”. Abramos el corazón y renovémosle nuestro amor, a través del sacrificio y la entrega.

P. José Luis Díaz L.C.

Posible homilía C-TO 31 DOM

Tema:

Encontrarte con Cristo te transforma
Exordio:
Hay situaciones en la vida que marcan un antes y un después. Personas que un día se encontraron con quien sería su esposo o su esposa y tal encuentro determinó el rumbo de toda su vida. O como en mi caso que un día escuche la llamada de Jesucristo al sacerdocio y desde entonces mi vida adquirió un colorido inesperado y magnífico.

Proposición:

Quien se encuentra verdaderamente con Jesucristo su vida se transforma

Desarrollo:

El evangelio nos habla de un encuentro con Cristo transformador. No se trata de un encuentro que entusiasma por un rato solamente; sino de un encuentro que hace cambiar 180º el rumbo de una vida. Son tres los momentos de este encuentro:

1. Zaqueo busca a Jesucristo

a. Había oído hablar de Él y movido por la curiosidad se acerca.

b. No pretendía nada más que ver a Jesús

c. Por ser bajito se sube a un árbol para verlo mejor y esa fue su “perdición”, se pudo al alcance de la mirada de Cristo

     

2. Jesucristo lo ve y actúa

    a. Seguramente habrá preguntado quién ese adulto que como un niño se ha subido al árbol.

    b. Llegado al sitio le llama por su nombre: Dios nos conoce por nuestro nombre, no somos un anónimo más en la masa informe de la humanidad

    c. Y conociendo su situación se auto invita a cenar en su casa.

3. Zaqueo se transforma

a. Seguramente la cercanía, la confianza, el amor misericordioso de Jesucristo fue el detonante de esa conversión.

b. Se había encontrado por primera vez con una persona que no le juzgaba interiormente, ni le recriminaba su conducta.

c. Eso le lleva a reflexionar y a querer ser como el maestro que tenía en su casa

d. El resultado es el que sabemos:

i. Da la mitad de los bienes a los pobres: empieza por la misericordia

ii. Y termina con la justicia restituyendo cuatro veces más a los que había defraudado.

Peroración:

•No tengamos miedo de salir al encuentro de Cristo que pasa por nuestra vida. No te va a pedir nada. Serás tú el que descubriendo quién es, le darás todo. Y además te llenarás de una felicidad indescriptible.

 

P. Agustín De la Vega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.