Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

XVº domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

“?Quién es mi prójimo?”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Dt. 30,10-14; Col. 1,15-20; Lc. 10, 25-37

Jesús explica esta parábola cuando se encamina hacia Jerusalén. Un camino es siempre lugar inseguro e incierto; todo puede ocurrir. Aquel peregrino va “en camino” y es asaltado por los ladrones, despojado de todo y herido en su integridad. Necesita ayuda inmediata. Los sacerdotes “que bajan de la ciudad santa” pasan de largo. Sólo se detiene el extranjero, un hombre de la calle. “¿Quién es mi prójimo?” (Evangelio). El prójimo es el que cumple la ley del amor no como un deber extrínseco, sino como un imperativo cordial. Este cumplimiento no implica una búsqueda imposible de actitudes nuevas e inesperadas como si fuera necesario inventar constantemente la vida cristiana, es algo inmediato que está muy cerca de mí, en cada persona que se cruza en mi camino. Desde Moisés hasta nuestros días el hombre finge no conocer la ley de Dios, pensando que está “en el cielo o más allá del mar” como dice el Deuteronomio; sin embargo la ley escrita en las tablas de piedra está grabada aún más profundamente en el corazón de todo hombre (Primera lectura). El que vive el amor vive de verdad. El que no ama está muerto y el que odia es homicida. Por eso Jesús pone fin a la cuestión tajantemente: “Haz esto y vivirás”.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “Peligros del camino”

Un hombre iba de camino de Jerusalén a Jericó y fue asaltado, maltratado y robado, quedando medio muerto en la cuneta. Este hombre no tiene nombre, ni nacionalidad, ni cargo, porque ese hombre somos todos, podemos ser todos. De hecho, hay muchos, demasiados hombres en la cuneta. Todas las estadísticas que tratan de evaluar el número de pobres, de marginados, de discriminados, de tercermundistas, están hablando de los hombres arrojados medio muertos en la cuneta. Glosando la parábola podemos decir que la humanidad, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de ladrones que la dejaron maltrecha, dividida y con unos sectores mayoritarios en situación de indigencia material, moral, espiritual, social y jurídica. Por el camino pasan ideologías y tendencias, grupos y partidos que, atentos a sus preocupaciones e intereses, “pasan de largo” sin remediar los problemas. Otras muchas personas de lo que pasan es de la misma política. Y los problemas de la humanidad, por culpa de unos y otros, siguen sin resolverse. Los obispos llaman “caridad política”, al “amor eficaz a las personas que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad”. Si caridad asistencial es dar un pez a quien tiene hambre, y caridad social es enseñarle a pescar para remediar así su hambre de hoy y la de mañana, caridad política es colaborar activamente a organizar la sociedad de manera que nadie pase hambre, ni de pan, ni de cultura, ni de trabajo, ni de libertad, ni de compañía, ni de paz, ni de amor. Es poner remedio a las injusticias y con ellas a las causas por las que los hombres sufren. ¿Qué es una utopía? Cierto. Pero sólo hacia utopías merece la pena caminar.

2) “Imperativo cordial”

Jesús se interesa más por el sujeto del amor que por el objeto del mismo; por el amor que se da más que por el amor que se recibe. Jesús quiere hacerle ver que es él quien tiene que hacerse prójimo de todos; que importa más amar que ser amado, que no es bueno condicionar el amor y que, amando al hombre, sea quien sea, haciéndose prójimo de todos es como se vive la plenitud de la ley. Por eso la parábola comienza por este genérico: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó” Es el hombre, cualquier hombre, todo hombre, el objeto de nuestro amor. Hacerse prójimo es no pasar de largo ante quienquiera que nos precise. Hacerse prójimo es amar con “amor eficaz”. Para el cristiano existe sólo un mandamiento: ¡Ama! Revoluciona toda la existencia y reorienta su curso. Amar a los hermanos significa orientar hacia ellos todo el amor con que Dios me ama a mí. Los mandamientos no son paralelos al amor sino caminos que conducen al amor como a un manantial del que todo valor moral recibe su significado. Todo acto de virtud o es un acto de amor o no es virtud. Tenemos que constatar si nuestra vida diaria obedece a esta ley y constataremos que cada falta es una carencia de amor. Si yo cometo una infracción contra cualquiera de los mandamientos se enciende la luz de alarma para advertirme que en mi corazón se está secando el manantial del amor. La parábola del buen samaritano nos descubre que Jesús entendía las cosas de manera muy distinta que nosotros. La verdadera postura no es preguntarse: ¿Quién es mi prójimo? Para delimitar exactamente hasta donde llegan mis obligaciones. La verdadera actitud del que ama es preguntarse: ¿Quién está necesitado de que yo me acerque y me convierta en su prójimo? No debemos olvidar que “en el atardecer de la vida me examinarán del amor”.

3) “Prójimo o próximo”

Preguntar por el prójimo es un pretexto para justificar nuestra despreocupación por él. Porque todos somos compañeros de viaje y, por tanto, todos somos prójimos unos de otros. Eso es lo que Jesús quiere dejar bien en claro. En la parábola no se teoriza sobre el prójimo, no se hacen cábalas sobre la proximidad. El samaritano comienza con acercarse al herido, “se le aproxima”. No puede haber amor efectivo y eficaz si no hay igualmente alguna proximidad real y física. Prójimo es todo el que va de viaje con nosotros y como nosotros, porque todos somos caminantes, peregrinos, y vamos a la misma meta, aunque no lo sepamos ni queramos saberlo. En la parábola no se habla del prójimo, pero se ve, como se ve también cuántos hay que no saben comportarse como tales. El que ama de verdad sabe que “prójimo” es cualquier hombre o mujer que encuentro en el camino y me necesita. Todo hombre necesitado es mi prójimo, cualquiera que sea su raza, su pueblo, su ideología. El que ama de verdad al hombre, comprende que Jesús tiene razón, aunque le resulte duro seguir su llamada. Cuando un hombre ama con todo su corazón y con todo su ser a un Dios Padre, toma con seriedad al hombre, a todo hombre. Y el que ama de verdad al hombre, no se pregunta ¿A quién tengo que amar? Sino ¿Quién me necesita cerca? En resumen, Jesús deja en claro dos cosas: que todos somos compañeros, prójimos, porque todos vamos por el mismo camino; y que todos deberíamos comportarnos como buenos compañeros, como el buen samaritano. El que atiende a su hermano, ése es el buen samaritano. No importan sus siglas de identificación, ni su partido o sindicato, ni su religión, lo que importa es el amor a los otros. El samaritano era odiado por los judíos, porque era extranjero, porque era de otra clase, de otra cultura, de otra religión, distinto. No importan las ideas, sino la actitud. Hay muchos que tienen buenas doctrinas, pero sus obras no lo son.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

¿Quién se hará prójimo de esta humanidad necesitada? ¿Quién se comportará como prójimo de tantos grupos sociales orillados, preteridos, amordazados, hambrientos? Es urgente la rehabilitación del compromiso político entre los cristianos, de ese "compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres". El cristiano no es un hombre para sí mismo; es para los demás. El mundo lo necesita, la Iglesia lo necesita y los hombres lo necesitan.

P. José Luis Díaz L.C.

Domingo XV del Tiempo Ordinario

LC 10,25-37

 

TEMA

Heredar la vida eterna


Exordio:
Jesús es muy listo.

Proposición:

Pero que muy requetelisto.

Desarrollo:

Nada menos que un experto en la Biblia le hace a Jesús una pregunta, en principio, bastante simple, pero que se complica porque va con mala intención. Dice el texto que "para ponerle a prueba". Pero Jesús, que no es tonto ni toma por tonto al experto, le rebate la pregunta.

Pregunta : ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

Respuesta de Jesús : tú lo sabes. Está escrito. Tú eres experto en la Escritura. ¿Qué dice la Biblia?

Respuesta del experto : "amarás al Señor. tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento, y al prójimo como a ti mismo".

¡Vaya buena respuesta! Jesús le aplaude y añade: "has respondido maravillosamente". No necesitas más. Procura practicarlo así.

Pero no era esa la respuesta que esperaba el cínico experto. Conoce la ley, pero no quiere vivir la ley, por eso necesita excusas tontas, como si no supiera ¿quién es mi prójimo? Necesita evadirse de la verdad. Necesita matar su conciencia, sin remordimiento. Los hombres generalmente tenemos buen corazón, pero mala conciencia. Prácticamente el mal a sabiendas. Pero logramos tranquilizar nuestra conciencia usando mal la inteligencia. Tenemos que amar con la inteligencia...

Aquí el experto cínico encuentra una excusa. "No sé quién es mi prójimo". Entonces Jesús, aprovecha el diálogo para llevar a lo concreto al experto cínico, y le ilustra con la magistral parábola que conocemos como "el buen samaritano", y que deberíamos completar asi: "y el listillo". O de otra manera: "Jesucristo, el experto en la enseñanza del amor al prójimo que me cae mal". O aunque me haya hecho mal. Con claridad y suavidad le indica Jesús a quién debe estar dispuesto y decidido a hacer el bien.

Aquel cínico experto acabó por entenderlo: es cierto, así debería ser. Y Jesús le da la última apretada de tuerca: "anda, ve y trata de proceder de la misma manera".

Estamos rodeados de "prójimos" que nos necesitan. Nuestro corazón lo percibe, pero nuestra inteligencia perversa busca excusas... ¡Hay que educar nuestra conciencia inteligente y emocional con la luz de Jesús.

Peroración:

No lo dudemos Jesucristo, con el Espíritu Santo, nos ayuda

P.ÀngelLlorente,LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.