Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

Pascua de Resurrección (ciclo C) (ciclo C)

“Resucitó el que amo”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Hech. 10,14-43; Col. 3,1-4; Jn. 20, 1-9

El Salmo responsorial marca el tono de esta liturgia exultante: “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo” La tristeza que dejó en nuestro corazón la pasión de Cristo deja su lugar a la alegría incontenible que provoca su resurrección. Hay unos testigos del milagro más grande del mundo; nadie lo vio levantarse de entre los muertos pero hemos de fiarnos de sus afirmaciones y asumir la verdad de la resurrección de Cristo como un acto de fe necesario y difícil (1ª lectura). María Magdalena vio el sepulcro vacío y la losa removida; Pedro y Juan vieron las vendas en el suelo y el sudario doblado (Evangelio). Ciertamente creer es un don de Dios y hay que pedirlo, pero el creyente debe dar su asentimiento y tener un comportamiento coherente con su fe (2ª lectura). A lo largo de estos cincuenta días iremos recorriendo un itinerario gozoso de apariciones y mensajes. Cristo resucitado entra en nuestra existencia como primicia de la vida que nos espera a todos. Con su triunfo sobre la muerte ha renovado todas las cosas: redimió al hombre, abrió las puertas de un cielo nuevo, implanto la justicia en la tierra. Se trata de una nueva creación, si cabe, más grandiosa que la primera.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) “Una fe dificil y necesaria”

No es fácil creer en la resurrección de Jesús; sin embargo, se trata del evento central del cristianismo sin el cual sería vacío nuestro mensaje y vacía también nuestra fe (1 Cor. 15,14) El evangelista Juan no esconde esta dificultad en la narración de las apariciones y pone en evidencia la importancia de creer en Cristo resucitado. La duda es el hilo conductor de todo el capítulo 20; dudan María Magdalena, Pedro, los discípulos, Tomás, pero al final Juan formula una nueva bienaventuranza destinada a nosotros para salvarnos de la duda: “Bienaventurados los que sin ver creyeron” (Jn. 20,29). Cuando las mujeres llegaron al sepulcro aquella mañana encontraron la piedra movida y oyeron la noticia que les dio el ángel: “No está aquí”. Es el anuncio simple y solemne, alegre y sorprendente que irá recorriendo las calles de las ciudades, las casas donde viven los hombres, los sepulcros donde los muertos esperan la resurrección; aquella noche Cristo rompe los lazos de la muerte y del infierno resucitando victorioso. La pregunta sobre nuestra fe es difícil y necesaria pero tiene una respuesta precisa y concreta: ser cristiano es creer en la resurrección de Cristo. Quien tiene esta fe, con todas sus consecuencias, es cristiano; quien no cree en la resurrección no puede llamarse cristiano. A nosotros nos toca creer que Jesús de Nazaret, después de seguir su camino de anuncio de la buena noticia del Reino de Dios, para ser fiel a ello hasta el extremo, aceptó el camino de la cruz con una fe, con un amor, con una esperanza total, y que por ello Dios Padre le resucitó constituyéndole así Señor, es decir, criterio y fuente de vida, para todos los que creyeran en Él.

2) “Victoria de la vida sobre la muerte”

La resurrección de Cristo es el evento que cambió el rostro del mundo y el sentido de la historia y de la vida. Si Cristo ha resucitado, quiere decir que Dios ha construido un puente que une la muerte con la vida. La muerte fue vencida en el momento en que Cristo aceptó morir; el dolor ha sido superado en el momento en que Cristo aceptó libremente sufrir; el pecado ha sido vencido en el momento en que Cristo lo cargó sobre sus hombros. Todo esto es verdad a pesar de que la muerte, el sufrimiento y el pecado siguen acompañándonos en nuestra existencia. Pero hay una novedad: han perdido su condición de ser insuperables. La esperanza que la Pascua enciende es la respuesta a todos los problemas y abre la puerta de la gloria. Nuestro deber más sagrado es el de transmitir la buena noticia de que, en Cristo, la vida ha vencido a la muerte, como glosa poéticamente la secuencia de la misa. “lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta”. ¿Cómo enfrentamos la realidad de nuestra muerte? Nuestra sociedad se preocupa cada vez más de iniciar al niño en todo lo referente al sexo y al origen de la vida, y se le oculta con cuidado la realidad última de la muerte. ¿Acaso esa vida que nace de manera tan maravillosa no terminará trágicamente en la muerte? El problema de la muerte no se resuelve escamoteándolo con ligereza. La muerte es el acontecimiento cierto, inevitable e irreversible que nos espera a todos. Por eso, sólo en la muerte se puede descubrir si hay verdaderamente alguna esperanza definitiva para este anhelo de felicidad, de vida y liberación gozosa que habita nuestro ser. Debemos ser hombres de esperanza. No se puede andar por el mundo con cara de angustias y profetizando calamidades. Debemos mantenernos en un optimismo insobornable, hecho a prueba de amor y de muerte, muy realista pero lleno de buen humor. La salvación del hombre y de la humanidad no es una utopía. El amor y la vida triunfarán. Cristo ha vencido al pecado y la muerte.

3) “Una nueva creación”

Cada domingo es una pequeña pascua que se actualiza en la eucaristía. Es el resucitado el que nos habla cuando se proclama la Palabra de Dios; es Él quien viene a nuestro encuentro y que camina discretamente a nuestro lado en cada paso que damos en la vida. “La Pascua de Cristo debe llegar a ser nuestra Pascua si nos renovamos en el Espíritu, si renacemos con el Señor resucitado”, como dice la oración colecta. La vida del resucitado debe entrar con fuerza en nuestra propia vida y transformarla. Y Pablo añade: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra”. La Pascua de Cristo debe marcar toda la moral cristiana en dos dimensiones: Vivir como hijos de la luz y caminar con una vida nueva; así nuestra existencia se libera del peso del yugo del pecado y queda animada con los frutos del Espíritu que son: alegría, paz, caridad, prontitud para servir a los demás, celo por la salvación de las almas. Si vivimos así nos convertiremos en “testigos del resucitado” y gritaremos al mundo que Cristo vive y es el Señor de la gloria. Teresita González, muerta a los veintiún años en un convento de carmelitas, se había propuesto aquel lema de su vida: “Señor, que quien me mire te vea”. Que cuantos te miren a ti, no les quede otro remedio que ver a Dios en ti; quienes te oigan, quienes sean testigos de tu manera de proceder, quienes presencien tus reacciones se vean impelidos a ver a Dios, a oír a Dios, a sentir a Dios. La resurrección es una ruptura respecto al pecado del mundo, respecto a las estructuras injustas o formas de este mundo que pasan; pero es una vinculación y un compromiso con la esperanza de toda la creación que suspira para que un día se manifieste, al fin, la gloria de los hijos de Dios. Se trata de una nueva creación, más grandiosa incluso que la primera.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

La Pascua es tiempo de alegría, de fiesta, de abrirnos sin miedo a la vida de Dios. Al recitar el credo de la Misa afirmemos nuestra fe en la resurrección y renovemos nuestro compromiso bautismal, como hemos hecho en la celebración de anoche en la solemne Vigilia Pascual, de luchar contra todo mal, de creer en el Padre que es amor, en el Hijo que es nuestro camino, en el Espíritu que está presente y vivo en nosotros. Y que sepamos manifestarlo en la coherencia de nuestra vida para que todos ven que tenemos un “rostro de resucitado”.

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (VIº domingo de Cuaresma/ 14 de abril de 2019)

DOMINGO DE RAMOS, Lucas, 19,28-40

TEMA:

Entrada en Jerusalén


Exordio:
El monte de los olivos

Proposición:

!bendito el que viene como Rey (de Israel) en nombre del Señor!

Desarrollo:

En el Domingo de Ramos celebramos, o recordamos, el único día verdaderamente triunfal de Jesucristo en medio de su pueblo, Israel, y en la capital del Reino, Jerusalén; y ante las autoridades todas, tanto religiosas como civiles. Un día de verdadero reinado, aclamado por el pueblo como el verdadero descendiente del Rey David. ¡Hijo de David!

Cuando se acercaban ya a la bajada del Monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos… ¡bendito el que viene como Rey (de Israel) en nombre del Señor! Era tal el entusiasmo suscitado por Jesucristo en ese día… ¡Gloria en lo alto del Cielo! Que las autoridades se asustaron y fueron a decirle a Jesús: ¡reprende a tus discípulos! Pero Jesús, echando más leña al fuego, les dio una respuesta sorprendente: “¡Si estos callan, gritarán las piedras!”, con lo que se asustaron mucho más.

Es admirable contemplar a Jesús absolutamente dueño de la situación creada. Si hubiera querido… Si hubiera querido habría tomado el poder político inmediatamente con el apoyo incondicional del pueblo entusiasmado y enloquecido con su nuevo líder; el que les daba de comer, el que les curaba a los enfermos, el que les enseñaba la Palabra de Dios con autoridad –y no como los escribas-, el que les creaba esperanzas de liberación en vez de la sujeción a tantas y tantas leyezuelas impositivas de los fariseos. Hasta del cielo se oyeron voces de ángeles que proclamaban la gloria de Jesucristo.

Para colmo de los colmos, al llegar al Templo, encontró tanta irreverencia, desorden, tropelías y mercados que no lo soportó. Y con un cordón enrollado golpeó las mesas de cambistas y mercancías, al grito de: “¡Mi Casa es Casa de oración!”, como ya lo había proclamado el profeta Isaías (56,7). Fue el apogeo de Jesús. Quedaba suficientemente demostrado que Jesús era el Hijo de David. ¡El Cristo! Y si, pocos días después, era reducido de forma traicionera, era simplemente, porque quería, porque había un plan de Dios “oculto a los ojos de los sabios y entendidos”. “Nadie me quita la vida; yo la doy cuando quiero, para volverla a tomar” (cfr. Jn 10,18).

Lucas 22,14-23,56 Pero en la misa del día de Ramos se lee el Evangelio de la Pasión según san Lucas: Por un lado, quiero destacar la conciencia tan clarísima que Jesús tiene, ante los Apóstoles, de estar comenzando “UNA NUEVA ALIANZA, SELLADA CON MI SANGRE”. Los creyentes tenemos que tener clarísimo que somos UNA NUEVA HUMANIDAD, LA DE LOS HIJOS DE DIOS, creada A PARTIR DEL MOMENTO EN EL QUE SE DERRAMA, SOBRE LA HUMANIDAD, LA SANGRE DE JESUCRISTO. Y QUE Dios no puede fallar a este compromiso.

Por otro lado, contemplar a Jesús en los interrogatorios que le hicieron sus verdugos: Ante las autoridades de Israel que le interrogan: ¿eres tú el Hijo de Dios? Sí, como vosotros lo decís. Así firmó su muerte, como Hijo de Dios en Israel. Y a Pilato que le pregunta si era él el Rey de los judíos, le responde de modo similar: Sí, como tú dices.

¡Juicio pervertido! La injusticia de los jueces es tremendamente reprobada en el Antiguo Testamento, pero los injustos, lo son porque son también ciegos; ni ven ni quieren ver a Dios: ¡Sí, el impío asedia al justo, por eso aparece el juicio pervertido! (Habacuc 1,4).

Peroración:

El gran Jesucristo nos enseña de otra manera: “no juzguéis y no seréis juzgados”. (Lucas 6,37)

P. Ángel Llorente, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.