Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

IIº domingo de Cuaresma (ciclo B)

“¡Qué bien se está aquí!”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Gen 22,1-18; 2ª: Rom 8,31-34; 3ª: Mc 9,2-10

Los versículos del Evangelio de Marcos que narran la transfiguración están precedidos y seguidos por los primeros anuncios de la pasión. Es evidente el sentido pedagógico de este paréntesis de la vida de Jesús que se presenta en tres actos: Jesús llevó consigo sólo a tres discípulos a un monte alto y se transfigura ante ellos; el Padre declara que Jesús es su hijo predilecto y exhorta a escucharlo; los discípulos gozan de un adelanto de la verdadera felicidad: “¡Qué bien se está aquí!” (Evangelio). También el episodio de Abraham que lleva a Isaac al sacrificio, es una anticipación reveladora de Cristo y de su Padre. Un amor que llega hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Isaac es imagen de Cristo y Abraham es imagen del Padre pero con una diferencia; Yahavé salvó a Isaac de la muerte; en cambio Dios Padre no perdonó a su propio hijo y le cobró el precio de la redención. (1ª y 2ª lecturas)

 

MENSAJE DOCTRINAL:

1) Transformarse

El progresivo descubrimiento que los discípulos van haciendo de Jesús-hombre les lleva gradualmente a entender su persona divina. Es un itinerario difícil; es un camino de fe oscura. Recorrámoslo también nosotros en el episodio misterioso de la transfiguración. A veces nos ocurre que hablamos de Jesucristo como si fuera un Dios disfrazado de hombre, pero caemos así en una verdadera herejía. ¿Cómo superar esta visión tan humana y ver con otros ojos su condición divina? No hace falta ir muy lejos porque “en lo profundo del corazón humano duerme una chispita de Dios” (Maestro Eckart). Allí reposa hasta que pueda ser activada y volverse manifiesta. Esta porción de eternidad es la que nos distingue de los demás seres del cosmos. Hay una misteriosa tendencia en el hombre que lo impulsa a descubrir su estirpe divina, pero reconoce que para lograrlo necesita purificarse, convertirse, transfigurarse. Los pueblos primitivos crean mitos y fábulas con historias imposibles: Mutaciones de hombres en animales, plantas o piedras como castigo por sus pecados; Trasmigración de las almas de un cuerpo a otro. Filósofos como Platón defendían la teoría de la metempsicosis como un estado necesario de purificación. Los poetas imaginaron transformaciones sublimes: Berenice se transforma en constelación; el títere de Colodi en gentil adolescente; Blancanieves despierta de su sueño de muerte y la golondrina se convierte en príncipe azul. Son parábolas para la fantasía. Sin embargo hay otra realidad sublime en la que sí se da una transformación espiritual; cuando la gracia actúa en nuestra alma y hace desaparecer nuestra debilidad para que aparezca nuestra dignidad.

2) Transfigurarse

Los evangelistas sitúan el episodio de la transfiguración en el camino que hace Jesús, desde Galilea a Jerusalén para que se cumpla la voluntad de Dios. Jesús se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas, es el sitio elegido para la crucifixión. Jesús lo sabe y está preparado, pero los discípulos no. Y el camino es más cuesta arriba para el discípulo que para el Maestro. ¿Cómo consolidar la fe incipiente de aquellos pescadores? ¿Cómo inspirar confianza a sus seguidores? ¿Cómo sostener la perseverancia de los cristianos, la nuestra, hoy? Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, subió a lo alto del monte y se transfiguró en su presencia. Allí les fue dado entrever lo que aún está por ver y creemos. La experiencia perduró viva en el recuerdo de sus discípulos y sigue viva hoy entre nosotros, que hemos escuchado el testimonio de los testigos de excepción. La escena del Tabor ha sido representada en muchas obras de arte. Una de las más bellas está en la Pinacoteca Vaticana: “La Transfiguración” de Raffaelo Sanzio. Los colores que usó eran polvo, pero, ¡Qué efectos maravillosos se siguen cuando el polvo es manejado por la mano de un genio! Nuestro cuerpo mortal manejado por la mano de Dios se transfigura en un “capolavoro” como el que Cristo dejó ver en el monte: “Su rostro resplandecía como el sol; sus vestidos más blancos que la nieve” (Evangelio). No todos pueden ver las realidades divinas. D’Annunzio que no soportaba la belleza del cristianismo apostrofaba: “Vuestro Dios es un ídolo de ceniza, un dios triste y dolorido que no ama el sol”. La religión cristiana ha sabido utilizar con creces el lenguaje del arte para expresar la belleza de Dios. “estamos sedientos de belleza” (Pablo VI). En realidad Dios es belleza, como es Verdad y es Amor

3) "Escuchar"

Durante toda la cuaresma la misma voz se ha repetido insistentemente: “¡Escuchadle!” Escuchar a Cristo. Hoy se oyen muchas cosas pero se escucha poco. Algunos no pueden porque son sordos; otros no quieren porque son autosuficiente; también es posible que la contaminación acústica no nos permita oír esa voz que habla en el silencio de la conciencia. Vamos perdiendo la capacidad para escuchar a los demás. Oímos noticias, canciones, publicidad, discursos, música grabada, pero raramente escuchamos. Captamos sonidos y cada vez somos más exigentes por la calidad de la reproducción acústica, pero no escuchamos la Palabra de Dios. La Palabra nos llega a través del lenguaje de los hombres y de los acontecimientos, pero para acogerla son necesarios la paz del espíritu, un poco de tiempo y un silencio especial. Orar es conversar con Dios. “Para rezar entra en tu habitación y cierra la puerta”. (Mt. 6,6) El silencio es indispensable. “Cierra los ojos y podrás ver” decía Joubert. En los últimos días de su vida Ghandi confesaba: “No logro ser feliz sin la oración. Mi fe va creciendo y entonces mi necesidad de orar se hace irresistible”. Lo más importante que debemos escuchar es el mensaje de esperanza que Cristo transfigurado nos comunica en el Tabor. Confiar sin límites en las promesas de Dios, para que nuestra esperanza supere todas nuestras razonables expectativas humanas y esté fundada sólidamente no en los cálculos de los hombres, sino en la palabra de Dios. Sólo así sentiremos cómo todas nuestras posibilidades se crecen y disparan en alas del poder de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

¿Mi rostro refleja con transparencia ese fuego capaz de transfigurar la realidad más humilde o el más insignificante de mis actos? Recuerda la amonestación de San Pablo: “Mirad a aquellos que se comportan según el ejemplo que yo os dejé” (Fil. 3,17). ¿Estoy dispuesto a reconocer en mis hermanos el rostro del Señor que se entregó sin límites a los demás? Vemos su rostro en la medida en que nos ponemos en las mismas disposiciones interiores que Él tuvo para ir al encuentro de los hermanos más abandonados.

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (2º domingo de cuaresma / 25 de febrero de 2018)


Tema:

Vivir transfigurados


Exordio:
La transfiguración, además de ser un hecho histórico en la vida de Cristo, es también un testimonio de lo que es nuestra vida ordinaria de convertidos en y por el Señor. Veamos cómo se da la transfiguración en nuestra vida diaria.

Proposición:

La conversión implica una acción humana y divina que no siempre es fácil de descubrir.

Desarrollo:

Cristo transfigurado nos muestra lo que es la vida del cristiano cuando es contemplada con una mirada de fe.

1. “Se les aparecieron Elías y Moisés”.

- Elías es el gran profeta que se esforzó en todo momento por defender y enseñar los derechos de Dios, superando contrariedades y adversidades. Moisés es el hombre que guio al pueblo de Israel en fidelidad a la ley divina que él mismo recibió.

- La conversión requiere de nuestro esfuerzo personal y constante, siempre en fidelidad a la ley del Señor y de la Iglesia. Sin eso difícilmente habrá auténtica conversión.

2. “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”.

- Cristo es el Hijo de Dios. Y como tal, es totalmente amado por el Padre. Y como Padre, está siempre cuidando y protegiendo de su Hijo.

- Cada uno de nosotros somos también, en verdad, hijos amados de Dios. Y como hijos somos constantemente cuidados y enriquecidos por el Padre a través de la gracia que otorga por medio de los sacramentos y la oración.

3. “Les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto… y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos”.

- Es difícil, en el día a día, darnos cuenta de esta doble acción y de su eficacia. Su eficacia no responde proporcionalmente al propio esfuerzo y fidelidad, sino a la unión que tengamos con el Señor. Es su gracia, la que logra nuestra conversión.

- Cuando avanzamos en la vida espiritual y, más aún en el cielo, tomamos conciencia de cómo somos transfigurados cuando con esfuerzo y fidelidad acogemos la gracia divina.

     

Peroración:

Por ello, no dejemos de agradecer a Dios toda su acción sobre nuestras vidas, y nosotros no dejemos de esforzarnos y de exclamar, como los apóstoles: “¡Qué bueno es que estemos aquí!”.

 

P. Juan Carlos Ortega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.