Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

XVIIIº domingo ordinario (ciclo B)

“Pan para el cuerpo y para el alma”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Ex. 16,2-4, 12,15-18; 2ª: Ef. 4,17,20-24; 3ª: Jn 6, 24-35

Todos los domingos dejamos nuestras casas y nos olvidamos de las preocupaciones del trabajo para ir a la Misa en la parroquia. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué lo vienen haciendo los creyentes desde los primeros siglos del cristianismo? Será muy provechoso que hoy y los dos domingos siguientes busquemos una respuesta en la lectura del Evangelio de San Juan en donde narra la multiplicación de los panes y el discurso eucarístico de Jesús (evangelio). El pueblo de Israel corría el riesgo de morir de hambre en el desierto, pero Yahvé acudió a saciar su hambre con el maná que lo sostuvo durante toda la travesía (primera lectura). Hay algo misterioso que lleva a los cristianos a tener un comportamiento diferente al de los paganos. Es un estilo nuevo que se manifiesta en el hombre nuevo. (Segunda lectura). ¿Tendrá algo que ver ese pan que Cristo nos da cada domingo? “¡Yo soy el pan de vida!”.

MENSAJE DOCTRINAL:

1) La gente busca a Jesús

Así comienza el Evangelio de hoy. Jesús se acercaba a la gente, pero esta vez es justo al revés... La gente lo está buscando porque había multiplicado el pan y había quitado el hambre a miles de sus seguidores. Jesús les reprocha: “Vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros”. No buscan realmente al Jesús de los milagros sino los milagros de Jesús. El hombre es un ser lleno de necesidades. Nada satisface del todo su deseo. Hay momentos en la vida que experimenta con fuerza la soledad con tal fuerza que eclipsan la presencia del Señor. Son los momentos de desvanecimiento espiritual donde todos tenemos que estar atentos para que nuestra vida no se aparte totalmente de Dios. El hombre es un insatisfecho en muchos planos: material, económico, afectivo, sicológico, espiritual. Es un ser indigente, necesitado, tiene hambre. Casi debemos decir que el hombre, constitutivamente, es hambre. Hambre de pan y hambre de Dios.

Pero no sólo de pan vive el hombre. Porque su hambre no sólo es de pan material. Cierto que con el estómago vacío el hombre no puede funcionar mucho tiempo. Pero cierto también que el hombre no es sólo estómago. Puede el hombre nadar en la abundancia y estar, sin embargo, verdaderamente insatisfecho, positivamente hambriento o sediento. "Odio a mi época con todas mis fuerzas -ha escrito ·Saint-Exupery-A -. En ella el hombre muere de sed. Y no hay más que un problema para el mundo: dar a los hombres un sentido espiritual, una inquietud espiritual. No se puede vivir de frigoríficos, de balances, de política. No se puede. No se puede vivir sin poesía, sin color, sin amor. Trabajando únicamente para el logro de bienes materiales, estamos construyendo nuestra propia prisión". Es un eco moderno de aquellas viejas palabras de Jesús: no sólo de pan vive el hombre.

Hay un hambre en el hombre que sólo se satisface con amor, con bondad, con fe, con sentido de la vida, con ideal, con ilusión, con esperanza, con trascendencia. Los que creemos, afirmamos que ese hombre sólo puede acallar su hambre con Dios. Santo Tomás afirmaba que en todas esas apetencias afloraba lo que él llamaba el "deseo natural de ver a Dios", aunque entendía que se trataba de un deseo como somnoliento, que no sabe explícitamente lo que quiere, aunque distingue bien qué es lo que no le satisface. San Agustín había pensado en ello también antes: "Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti".

2) ¡El hombre necesita salvación!

San Pablo nos recuerda hoy que si somos cristianos, no podemos movernos en la vaciedad de los criterios como los gentiles. El camino del egoísmo, de la ambición, lleva ineludiblemente a la desigualdad, al abismo entre pobres y ricos, la explotación, la injusticia y la destrucción. Los cristianos tenemos que dejarnos renovar por el Espíritu de Jesús y cambiar de criterio de acuerdo con nuestra nueva condición de hijos de Dios, hermanos de todos. San Agustín advertía: “Dios escucha tu llamada si le buscas a él. No te escucha si a través de él buscas otras cosas”. La diferencia entre cristiano y otro que no lo es, está en su diferente manera de ver y vivir la vida; está en que para el cristiano el mundo es un lugar de encuentro con los hombres, con todos los hombres, para intentar descubrir el gran secreto del Reino de Dios. Dios quiere que no reduzcamos al hambre material todas las demás apetencias de nuestro ser. El hambre de Dios está conectada en el Evangelio con el hambre y sed de justicia, hambre y sed de un mundo nuevo más justo y fraterno, del Reino de Dios.

3) Jesús les habla de otro pan

La vida es un camino donde necesitamos alimentarnos para seguir adelante y Jesús nos recuerda que Él es el pan que da la vida eterna. El gran debilitamiento espiritual de muchas personas (falta de sentimientos, falta de amor, falta de fe y de esperanza, falta de solidaridad con los más débiles...) es debido a que no se alimentan adecuadamente, son anémicos de espíritu y raquíticos de esperanza. El pan del cielo es el pan de vida; no sólo sirve para sustentar la vida, sino que le da sentido. Por eso Jesús nos dice hoy que trabajemos no por el pan que perece, sino por el que perdura. Es perecedero el pan que sólo sirve para consumir y nos hace consumidores. Perdura el pan que se reparte y comparte y que nos hace hermanos. Todos los bienes del mundo, todos los productos del trabajo y de la técnica tienen, además de su utilidad inmediata, un sentido y una dimensión trascendental. Porque pueden servirnos para especular y explotar, y así sembrar discordia y enfrentamiento entre los hombres; o pueden servirnos para distribuir y compartir, y así colmar de gozo y de sentido humano la convivencia.

Sólo hay dos modos de vivir y entender la vida: o acaparar o repartir, o compartir o competir. Cada vez que nos reunimos a celebrar la eucaristía, a partir el pan, como decían los primeros cristianos, lo hacemos para llenarnos del espíritu de Jesús y recuperar su punto de vista y así descubrir el sentido del pan y de todas las cosas, que es su dimensión humana universal. En la eucaristía celebramos ya, como un anticipo, esa gran fraternidad de todos los hombres hijos de Dios. Pero no podemos dar por supuesto lo que aún esperamos. Y así, la eucaristía es el maná que alimenta nuestra fe y nuestra esperanza en la gran marcha de la caridad hasta dar la vuelta al mundo y construir sobre él una sociedad de iguales y de hermanos. Sería necesario que los cristianos pusiésemos en la búsqueda de Jesús: "Yo soy el pan de vida", el mismo interés, por lo menos, que ponemos en buscar el otro pan. Podríamos así gritarles a los hombres que hay un vacío en el alma que no llena el chalet ni el capricho, ni la investigación y la cultura, que hay un vacío en el alma del ser humano que sólo lo llena Dios. Está haciendo mucha falta gritar esta verdad, con la vida, en un mundo tan lleno de apetecibles trozos de pan.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

Hermanos: Hagamos de cada Misa una verdadera fiesta como encuentro personal con Cristo. En ella nos entrega el pan de su Palabra y el pan de su Cuerpo. Una fiesta no se improvisa. Por eso hagamos el compromiso de prepararla durante la semana. Nuestra oración, nuestro servicio al prójimo, el cumplimiento de nuestro deber debe ser el pan que llevemos al encuentro dominical para que el Señor lo bendiga y multiplique. Jesús nos ha dejado su vida, su Iglesia y su cuerpo, para que tengamos vida y vida abundante. Nuestra oración debe ser esta: ¡Señor, danos siempre de ese pan!

 

 

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (13º domingo del tiempo ordinario / 1 de julio de 2018)

 

TEMA:
La fe cristiana.


Exordio:
El núcleo de nuestra vida espiritual es la “fe”; fe en unos contenidos, pero sobre todo en una persona; fe en una persona humana, pero que es, ante todo, persona divina.

Proposición:

Los episodios evangélicos de hoy nos presentan diversos personajes; todos ellos buenos y que buscan a Jesús, pero solamente algunos con auténtica visión de fe en la persona de Cristo.

Desarrollo:

1. Una visión humana de la fe cristiana en la vida.

- “Para que se cure y viva”. Visión humana de la finalidad de la vida: Jairo tiene a su hija enferma de gravedad. Ante tal dolorosa realidad, su amor se mueve a superar, evitar, hacer desaparecer la enfermedad de su vida: quiere que su hija sane.

- “La habían sometido a toda clase de tratamientos”. Visión humana de los medios para la vida: la mujer se sabe enferma, pero en vez de desanimarse pone todos los medios humanos para superar la enfermeda

- “Tu hijo se ha muerto. ¿Para qué molestar más…?”. Visión humana de la vida terrenal: la familia de Jairo hace todo lo posible por la vida terrena de la niña, pero una vez que ésta se acaba, ya no hay nada que hacer, no es necesario ni molestar a Jesús.

2. Una visión sobrenatural y divina de la fe cristiana en la vida.

- “Jesús se fue con él… No temas; basta que tengas fe”. Visión sobrenatural de la finalidad de la vida: antes que superar las adversidades, es más central caminar con Cristo, a su ritmo, aunque no veamos cambios o mejoras humanas.

- “Con sólo tocarle el vestido, curaría”. Visión sobrenatural de los medios de la vida: todos los medios son buenos, pero el medio indispensable es Cristo. Tocar a Cristo, aunque parezca insignificante, es más que todos los medios humanos posibles.

- “La niña no está muerta, está dormida”. Visión sobrenatural de la vida: la muerte es como un dormir, que nos lleva al estado final y pleno de la vida terrenal en la que ahora nos encontramos. .

Peroración:

La fe cristiana, no es una fe para superar dificultades y adversidades. La fe cristiana es fe en una persona, es fe en una relación personal con Cristo, es fe en una plenitud de esta relación, iniciada ya en esta tierra.

 

P. Juan Carlos Ortega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.